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Zapatero a su zapato

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¿Pensó usted algún día cruzar la frontera para llegar a Estados Unidos y ser zapatero?
A Juan Manuel García la pregunta no le atormenta. Es más, lo hace con pasión y a mucha  honra. Lo aprendió de su padre cuando era muy jovencito en su natal Zacatecas, y no sospechaba entonces que hoy le serviría para el sustento de su familia en un país donde la reparación de calzados suena como un oficio del otro mundo.
Llegó en 1996  a La Villita siguiendo los pasos de su padre, quien se asentó en el barrio 30 años atrás, y lo primero que hizo fue abrir una zapatería.
Ya retirado, el zapatero mayor regresó a Zacatecas y visita Chicago de manera esporádica. Su hijo siguió la tradición.
“Somos una familia de zapateros.  Tengo otros dos hermanos que también conocen el oficio. Yo empecé a trabajar con mi Papá en su zapatería en Chicago hasta que decidí abrir mi propio negocio.  Nos gustó aquí porque la gente está dispuesta a reparar zapatos”, dijo García desde su diminuto local, en el 2550 S. Keller, casi esquina con la calle 26 St.
Contrario a lo que muchos pudieran suponer, la zapatería en la primera economía mundial, abarrotada con tiendas de calzados de todo tipo y una amplia variedad de precio,  tiene una buena demanda. Al menos en La Villita.
“Yo no paro de trabajar.  Estoy aquí de lunes a sábado, y hay muchos clientes que me piden trabajar los domingos, pero tengo que descansar al menos un día. Solo trabajo los domingos cuando tengo algo muy urgente. Muchos piensan que esto es un trabajo de ‘Part Time’, pero no, es de Tiempo Completo”, apuntó.
El hecho de que por casi dos décadas Juan Manuel García haya conservado una clientela fiel, obedece al viejo refrán de zapatero a su zapato.
“Yo sé hacer mi trabajo con calidad, por eso es que siempre tengo clientes. No me gasto nada en publicidad. La gente vienen recomendadas por otro”, asegura.  Puedes encontrarte a una persona que quiera hacer un oficio por el simple hecho de tener dinero.  No solo hay que tener los conocimientos, ser zapateros es duro, es constante, nunca tienes vacaciones, y pasas muchas horas aquí encerrado”, dijo este padre de tres hijos.
Esa historia es, digamos, la suela del zapato.  Pero Juan también le brillan los ojos cuando habla dacerca de lo que le apasiona de su oficio.
“Alguna gente piensa que esto es como una rutina. No es así. Prácticamente en cada reparación de zapato, hay algo diferente que hacer, y tienes que ser creativo para hacer un buen trabajo.  También esto me recuerda a México, a nuestr tierra…mucha gente entra aquí, y expresan lo mismo”.
Y a juzgar por sus palabras, Juan estaría con martillo y puntilla en mano, o cortando y pegando suela, por mucho tiempo.
“Las zapaterías no van a desaparecer. Siempre ha habido una necesidad de reparar zapatos.  Incluso, cuando la economía no está buena, muchos vienen con botas compradas años atrás para que se las repare. Y te dicen: ahora no es tiempo de comprar zapato nuevo”.

 

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