Redacción Negocios Now
Durante décadas, Estados Unidos ha construido buena parte de su influencia internacional sobre una combinación de poder económico, militar, diplomático y cultural. Pero una nueva investigación del Pew Research Center apunta a un cambio significativo: la imagen del país en el exterior está cada vez más asociada con la figura de su presidente.
El fenómeno se ha intensificado durante el segundo mandato de Donald Trump. En los 36 países incluidos en la encuesta global de Pew de 2026, las personas que confían en Trump para hacer lo correcto en asuntos internacionales son también más propensas a tener una opinión favorable de Estados Unidos.
La relación no siempre fue tan estrecha. Durante la presidencia de Joe Biden y durante el primer mandato de Trump, las opiniones sobre Estados Unidos y sobre su presidente tendían a estar mucho menos conectadas.
La distancia entre Trump y EE. UU. se está reduciendo
Pew utilizó correlaciones estadísticas para medir hasta qué punto la opinión sobre Estados Unidos coincide con la confianza en su presidente.
En 23 países analizados de manera comparable, la correlación pasó de una mediana de 0.34 en 2024 a 0.54 en 2025 y 0.55 en 2026.
El cambio representa una transformación importante. La opinión sobre el país y la opinión sobre su presidente, que anteriormente podían seguir caminos diferentes, ahora se mueven mucho más frecuentemente en la misma dirección.
En otras palabras, para una parte creciente de la población mundial, Estados Unidos y Trump parecen estar convirtiéndose en una misma imagen política.
Europa refleja con claridad el cambio
El fenómeno es particularmente visible en Europa occidental. En España, la correlación entre la valoración de Estados Unidos y la confianza en su presidente pasó de 0.37 en 2024 a 0.58 en 2025 y 0.66 en 2026.
En Francia pasó de 0.29 a 0.59 y posteriormente a 0.56. En Alemania aumentó de 0.40 en 2024 a 0.54 en 2025, aunque descendió ligeramente a 0.45 este año.
En Reino Unido, la correlación pasó de apenas 0.20 en 2024 a 0.54 en 2025 y 0.55 en 2026. El resultado sugiere que las sociedades europeas están vinculando cada vez más la percepción de Estados Unidos con la valoración de quien ocupa la Casa Blanca.
Es una diferencia importante respecto de años anteriores, cuando una persona podía tener una opinión positiva de Estados Unidos aunque desconfiara de su presidente.
México presenta una de las mayores brechas
El caso mexicano resulta especialmente revelador. En 2026, 40% de los mexicanos tiene una opinión favorable de Estados Unidos, pero solamente 11% expresa confianza en Trump para hacer lo correcto en los asuntos internacionales.
La diferencia de 29 puntos porcentuales demuestra que, aunque existe una relación creciente entre la imagen del país y la de su presidente, todavía hay sociedades capaces de distinguir entre ambas.
México no es un caso aislado, pero sí uno de los ejemplos más marcados. En 2024, 61% de los mexicanos tenía una opinión favorable de Estados Unidos y 36% confiaba en Biden. Dos años después, ambos indicadores descendieron considerablemente, aunque la valoración del país continúa muy por encima de la confianza depositada en Trump.
Para la relación entre Washington y México, esta brecha puede resultar particularmente importante: la percepción negativa del presidente no necesariamente implica un rechazo equivalente hacia Estados Unidos como país.
Corea del Sur muestra cómo puede cambiar la percepción
Pew utiliza Corea del Sur como uno de los ejemplos más claros de esta transformación. Durante 2023 y 2024, la relación entre la valoración de Estados Unidos y la confianza en Biden era relativamente débil. En 2023, la correlación era de 0.37 y en 2024 de 0.35.
Durante el primer mandato de Trump también existía una separación importante. En 2017, solamente 16% de los surcoreanos confiaba en Trump, mientras 78% expresaba falta de confianza. Sin embargo, incluso entre quienes desconfiaban del presidente, 71% mantenía una opinión favorable de Estados Unidos.
La situación cambió durante el segundo mandato. La correlación aumentó a 0.54 en 2025 y a 0.61 en 2026. Ahora, entre los surcoreanos que no confían en Trump, 68% tiene una opinión negativa de Estados Unidos.
El cambio ilustra la dimensión del fenómeno: una opinión negativa sobre el presidente comienza a trasladarse con mayor fuerza hacia la percepción del país.
Polonia también registra un giro dramático
Polonia presenta otro ejemplo significativo. En 2017, la correlación entre la percepción de Estados Unidos y la confianza en Trump era de apenas 0.22. Este año llegó a 0.66, aproximadamente tres veces el nivel registrado durante el primer mandato.
En 2017, 70% de los polacos que no confiaban en Trump todavía tenía una opinión favorable de Estados Unidos. En 2026, solamente 31% de quienes desconfían del presidente mantiene una valoración positiva del país.
El resultado muestra cómo una relación que antes podía mantenerse separada —“no confío en el presidente, pero sí en Estados Unidos”— parece estar debilitándose.
No es un fenómeno exclusivamente estadounidense
El estudio también encuentra una tendencia similar en la percepción internacional de China y Rusia. Entre los 23 países analizados, la correlación entre la confianza en Xi Jinping y la valoración de China pasó de 0.35 en 2017 a 0.51 en 2026.
En el caso de Rusia, la relación entre la confianza en Vladimir Putin y la valoración del país aumentó de 0.46 en 2017 a 0.62 este año.
Esto sugiere que la personalización de la imagen de un país alrededor de su líder no es exclusiva de Estados Unidos. También puede observarse en países donde el poder político está fuertemente identificado con una figura presidencial.
La diferencia es que Estados Unidos históricamente ha proyectado una identidad internacional basada en instituciones, alianzas y valores que trascienden a una administración específica.
Una amenaza potencial para el poder blando
La evolución tiene implicaciones que van más allá de una encuesta de opinión. Durante décadas, el llamado poder blando estadounidense se ha apoyado en elementos como sus universidades, empresas, cultura popular, innovación tecnológica, instituciones y alianzas internacionales.
La fortaleza de ese modelo depende, en parte, de que la percepción de Estados Unidos no cambie completamente con cada presidente.
Pero si las opiniones sobre el país comienzan a depender cada vez más de la percepción de quien ocupa la Casa Blanca, cada elección presidencial podría tener consecuencias más profundas sobre la reputación internacional estadounidense.
Una administración podría recuperar rápidamente parte de la confianza perdida por otra. Pero también podría ocurrir lo contrario: decisiones o conflictos asociados a un presidente podrían deteriorar la imagen de todo el país.
El contraste con la era Biden
Los datos de Pew muestran precisamente por qué este cambio resulta significativo. En 2024, durante el último año de Biden, la relación entre la opinión sobre Estados Unidos y la confianza en el presidente era mucho más débil. Brasil es un buen ejemplo: 64% de los brasileños tenía una opinión favorable de Estados Unidos, mientras solamente 37% confiaba en Biden.
Diferencias de al menos 20 puntos también aparecían en Italia, México y Corea del Sur. La situación cambió durante los dos primeros años del segundo mandato de Trump.
En 2025, la correlación entre la percepción de Estados Unidos y la confianza en el presidente alcanzó 0.91 entre los 23 países analizados a nivel nacional, y se mantuvo en 0.90 en 2026.
Eso significa que, a escala internacional, conocer el nivel de confianza en Trump permite predecir con bastante precisión la valoración que una población tiene de Estados Unidos.
África y Medio Oriente muestran otra cara
El panorama no es uniforme. En Kenia, por ejemplo, 63% de los adultos tiene una opinión favorable de Estados Unidos y exactamente el mismo porcentaje expresa confianza en Trump.
En Nigeria, 63% valora favorablemente a Estados Unidos y 65% confía en Trump. Israel también mantiene una percepción relativamente positiva: 81% tiene una opinión favorable del país y 66% confía en su presidente.
Estos casos recuerdan que la relación entre Trump y la imagen de Estados Unidos depende también de los intereses, alianzas y circunstancias particulares de cada país.
Una nueva pregunta para la diplomacia estadounidense
Los resultados de Pew plantean una cuestión de fondo: ¿qué ocurre cuando la reputación de una nación se vuelve demasiado dependiente de la personalidad de su líder?
Para Washington, el desafío no es solamente convencer al mundo de las políticas de una administración determinada. También consiste en preservar una imagen de Estados Unidos que pueda sobrevivir a los cambios políticos internos.
Los datos de 2026 muestran que esa separación se está reduciendo. En países como México, todavía existe una distancia considerable entre la percepción de Estados Unidos y la de Trump. En otros, particularmente en Europa y algunas naciones asiáticas, ambas opiniones están cada vez más conectadas.
La conclusión es relevante para la política exterior estadounidense: el mundo parece estar mirando a Estados Unidos cada vez más a través del rostro de su presidente.
Y cuando la imagen de un país queda estrechamente vinculada a la de un solo líder, cada decisión de la Casa Blanca puede tener un impacto que trascienda las fronteras y alcance directamente la reputación internacional de toda la nación.