Redacción Negocios Now
Donald Trump ha aplazado nuevamente la fecha límite para cerrar acuerdos comerciales, esta vez hasta el primero de agosto, y ha hecho ajustes a sus tarifas amenazadas, lo que ha dejado al sistema de comercio internacional prácticamente estancado respecto a tres meses atrás.
Según un reporte de The Associated Press (AP), ante la falta de claridad, muchas empresas están postergando inversiones, contrataciones y firmas de contratos. “Es una repetición del mismo guión”, señaló a la AP William Reinsch, exfuncionario de comercio de EE. UU. y asesor del Center for Strategic and International Studies.
La falta de acuerdos ha sido tan notoria que, incluso, se ha popularizado el acrónimo “TACO” (Trump Always Chickens Out), acuñado por el Financial Times para describir su patrón de amenazas seguidas de aplazamientos.
Negociaciones imposibles y realidad tozuda
Desde abril —cuando Trump proclamó el “Día de la Liberación” al anunciar aranceles base del 10 % y otros del 50 % dirigidos a países con los que EE. UU. tiene déficit comercial— la Administración ha intentado negociar simultáneamente con varios países, algo que el propio Trump reconoció como inviable. “Son 200 países. No se puede hablar con todos”, dijo en una entrevista reciente.
Países como Japón y los miembros de la Unión Europea han resistido a aceptar las demandas de Washington sin recibir algo a cambio. “Negociar acuerdos comerciales es extremadamente difícil”, explicó Chad Bown, exasesor económico de la Casa Blanca con Obama. “Normalmente toma meses, incluso, cuando solo involucra a un país o un grupo reducido”, puntualizó.
El mayor problema ha sido el enfoque unilateral: Trump exige concesiones sin ofrecer contrapartidas. Según Reinsch, muchos países necesitan regresar a casa con algún tipo de ganancia para no parecer que se han rendido. Japón, por ejemplo, ha exigido alivio sobre los aranceles estadounidenses al acero y el aluminio.
Trump, en la práctica, ha roto con el marco normativo del comercio mundial al imponer tarifas hechas “a medida” para cada país, según declaró la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt. Esto ha generado preocupación entre inversores por el posible daño a la economía global. De hecho, las tarifas del “Día de la Liberación” provocaron una caída de cuatro días en los mercados financieros internacionales, lo que obligó a Trump a suspender los aranceles recíprocos apenas 13 horas después de su entrada en vigor.
Pocas victorias y desafíos por delante
A pesar de los obstáculos, Trump ha logrado algunos acuerdos. Con el Reino Unido, firmó un pacto que reduce aranceles sobre productos automotrices y aeroespaciales británicos, a cambio de mayor acceso al mercado británico para la carne de res y el etanol estadounidenses. Sin embargo, el arancel base del 10 % se mantuvo, incluso, cuando EE.UU. ha tenido un superávit comercial con el Reino Unido durante 19 años consecutivos.
Más recientemente, el 2 de julio, anunció un acuerdo con Vietnam, según el cual EE. UU. exportaría productos libres de impuestos al país asiático, mientras que las exportaciones vietnamitas a EE. UU. enfrentarían un arancel del 20 %. Aunque los detalles no han sido publicados, el acuerdo sugiere que Washington puede ejercer presión sobre economías más pequeñas, que tienen menor capacidad de negociación que potencias como la UE, Japón o Canadá.
Sin embargo, alcanzar acuerdos significativos con grandes socios comerciales seguirá siendo un desafío. Reinsch advierte: “EE. UU. apuesta a que los países cederán por presión, mientras ellos esperan que cuanto más tiempo pase sin avances, más desesperado esté Trump y baje sus exigencias”.