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Especial: ¿Digital o morir?

¿Digital o morir?

Una de dos: o lanzas tu negocio a los mares de la tecnología digital o se muere. Esta fue la disyuntiva en que se encontró un sinfín de pequeños empresarios a solo unas semanas de vivir atrapados por la bestia pandémica. Muchos no pudieron adaptarse al brusco cambio y han tenido que cerrar definitivamente, mientras otros bregan con la vital misión de saltar con urgencia al mundo digital.

Pero hay algunos que han visto en el Covid-19 una oportunidad única para hacer florecer sus empresas, como es el caso de la joven empresaria Mila Johnson Pérez, fundadora de El Nopalito Delivery, una empresa de servicio de entrega basada en una aplicación digital. Negocios Now aborda este tema que cada vez más está haciendo una diferencia entre existir o no en el mundo empresarial.

Para el fundador de la Cámara Hispana de Comercio Electrónico, Tayde Aburto, ahora es el mejor momento para ayudar a construir “una economía digital fuerte” en Estados Unidos.

Los pequen?os negocios “se han visto forzados a entrar de lleno” a la era digital debido a la crisis del Covid-19, afirmó Tayde Aburto, CEO de la United States Business Association of E-Commerce, en una entrevista con Negocios Now.

“Era algo que estábamos pidiendo antes de la pandemia, cuando nos dimos cuenta que la inversión en tecnología termina por ahorrar tiempo, recursos y ayuda a generar más ingresos”, manifestó el economista de origen mexicano y fundador de la Cámara Hispana de Comercio Electrónico.

Tayde Aburto

Aburto dijo que durante los últimos diez meses, cuando la economía estuvo paralizada, los pequeños negocios tuvieron que adoptar nuevas maneras para vender sus productos y servicios.

“A pesar del temor de algunos de ellos por utilizar el Internet como herramienta de negocios nos les quedó otra opción. Poco a poco fueron utilizando las redes sociales para comunicarse con sus clientes potenciales, encontraron la manera de comenzar a vender a través de Facebook e Instagram, a recibir pagos en línea a través de PayPal y Zelle”, explicó el CEO de la United States Business Association of E-Commerce.

Durante esos meses de crisis, a muchos empresarios “se les complicó el proceso y fue cómo comenzaron a buscar ayuda”, recordó.

“El Hispanic Chamber of E-Commerce ha estado apoyando pequeños negocios a utilizar la tecnología e Internet para ser más competitivos en el mercado. El mensaje que hemos estado comunicando desde 2008 tuvo más alcance desde abril de 2020”, sostuvo el originario de Morelia, Michoacán.

Ahora hay un fuerte interés por vender en Internet, explicó Aburto, y esa “es la razón por la cual nos buscan más en estos días”.

“Los empresarios quieren sacar el mayor provecho posible al comercio electrónico. Creemos que esta tendencia no va a cambiar. Es el mejor momento para ayudar a construir una economía digital fuerte en Estados Unidos”.

“Los negocios se han dado cuenta que tienen el potencial de poder vender en todo el país y de manera global. Lo que parecía imposible o complicado antes de la pandemia, ahora se ha convertido en una oportunidad de crecimiento para los dueños de negocios”, manifestó Aburto.

MANTENER UN “MODELO HÍBRIDO” ES VITAL

Para el economista, los negocios deben mantener modelos hÍbridos de ahora en adelante, lo que significa “tener una estrategia para el mercado local a través de sus establecimientos y una estrategia digital que les permita vender más allá de la base de clientes locales que tiene un negocio”.

“Incluso abre la oportunidad de incrementar su visibilidad local ayudando a tener más penetración en el área que actualmente sirven. Los consumidores seguirán buscando productos y servicios en Internet. Es importante que los negocios tengan ese canal adicional para hacer crecer su marca y sus ventas”, indicó.

El mexicano, quien obtuvo una maestría en mercadotecnia en el Tecnológico de Monterrey, explicó que el Hispanic Chamber of E-Commerce creó una aplicación de comercio electrónico que permite a los pequeños negocios vender sus productos y servicios de manera fácil sin tener que pagar comisiones por ventas, como sucede en la mayoría de “los marketplaces online”.

“Entendemos que cada dólar cuenta y nuestra responsabilidad es ofrecer herramientas que ayuden al fortalecimiento de los negocios sin afectar sus ingresos netos. A parte de la herramienta de e-commerce, la asociación apoya con la promoción de los productos y servicios que hay en el ‘marketplace’, convirtiéndonos en un aliado de marketing para los negocios que forman parte del ecosistema en línea que hemos creado”, señaló.

De igual manera, agregó que han invertido más recursos en la capacitación de sus afiliados “para ayudarles a entender las diferentes opciones y herramientas que les ofrece el Internet para poder hacer crecer sus negocios”.

RECOMENDACIONES A LOS EMPRESARIOS

Aburto instó a los dueños de negocios que aún no cuentan con presencia en Internet o que no están vendiendo a que “tomen acción inmediatamente”.

“No pueden esperar más. Los patrones de consumo se han transformado exponencialmente en los últimos meses, es tiempo para que los negocios hagan lo mismo. La transformación digital del negocio es una prioridad para poder mantenerse competitivos en el mercado y poder generar recursos significativos”, recomendó.

Asimismo, Aburto les recordó que no están solos y que hay organizaciones como el Hispanic Chamber of E-Commerce que los puede apoyar, no solo con entrenamiento, sino con herramientas en línea que les pueden ayudar a vender en minutos.

“Los invitamos a que se unan al ecosistema de negocios digital que hemos creado para que tengan una mayor participación en la economía digital”, añadió el experto.

Marcelo Wheelock/Negocios Now

La pandemia ha puesto más en peligro a los que no hablan inglés

La intérprete Ana María Ríos Velez muestra la pantalla de una aplicación en la entrada principal del hospital Brigham and Women’s de Boston. Tiene una función multilingue para comunicarse mejor con los pacientes y el personal que no habla inglés. (Jesse Costa/WBUR)

En marzo de 2020, a unas semanas del inicio de la pandemia, cuando todavía el Brigham and Women’s Hospital en Boston estaba tratando de entender la nueva enfermedad mortal, ya se veía que afectaba más a afroamericanos y a latinos. Pero para los hispanos había una señal de alerta adicional: el idioma.

Los pacientes que sabían poco o nada de inglés tenían un 35% más de posibilidades de morir.

Los médicos que no podían comunicarse claramente con los pacientes en las unidades de covid empezaron a notar que esto estaba afectando los resultados de salud.

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“Teníamos la impresión de que el idioma iba a ser un problema desde el principio”, dijo el doctor Karthik Sivashanker, entonces director médico de Brigham para calidad, seguridad y equidad. “Recibíamos informes de seguridad que decían que el idioma era un problema”.

Sivashanker se sumergió en los registros, observando las características únicas de cada uno de los pacientes que habían fallecido: su raza, edad y sexo, y si hablaban inglés.

“Ahí es donde empezamos a descubrir realmente algunas desigualdades más profundas, antes invisibles”, dijo.

Desigualdades que no tenían que ver únicamente a la raza.

Los hospitales de todo el país han informado más hospitalizaciones y muertes de pacientes de raza negra y latinos (que pueden ser de todas las razas) que de caucásicos.

Estos pacientes pueden ser más susceptibles porque tienen más probabilidades de tener una enfermedad crónica que aumenta el riesgo de desarrollar una forma grave de covid.

Pero cuando el equipo de Brigham comparó a pacientes de raza negra y latinos con pacientes blancos no hispanos que tenían enfermedades crónicas similares, no encontraron diferencias en el riesgo de muerte por covid.

Pero sí surgió una diferencia en los pacientes latinos que no hablaban inglés. Esa comprensión aleccionadora les ayudó a concentrarse en una disparidad específica de salud, pensar en algunas posibles soluciones y comenzar a comprometerse con un cambio.

Esta disparidad de salud que puede poner en peligro la vida comenzó fuera del hospital, en comunidades de bajos ingresos dentro y fuera de Boston, donde el coronavirus se propagó rápidamente entre muchos hispanohablantes que viven lugares pequeños, con trabajos que no pueden hacer desde casa.

Algunos evitaban ir al hospital hasta que estaban muy enfermos, porque no confiaban en la atención en los grandes hospitales o temían ser detectados por autoridades de inmigración.

Sin embargo, apenas a unas semanas de comenzar la pandemia, los pacientes de covid que hablaban poco inglés comenzaron a acudir a los hospitales de Boston, incluido Brigham and Women’s.

“Francamente, no estábamos completamente preparados para ese aumento”, dijo Sivashanker. “Tenemos servicios de intérpretes realmente increíbles, pero estaban comenzando a sentirse abrumados”.

“Al principio, no sabíamos cómo actuar. Entramos en pánico”, dijo Ana María Ríos-Vélez, intérprete de español en Brigham.

Ríos-Vélez recordó haber buscado palabras para traducir esta nueva enfermedad y experiencia a los pacientes.

Cuando se los llamaba a la habitación de un paciente de covid, los intérpretes estaban confundidos acerca de si podían entrar y qué tanto debían acercarse al paciente.

Algunos intérpretes dijeron que se sintieron “desechables” en los primeros días de la pandemia, cuando no se les proporcionó el equipo de protección personal adecuado.

Ríos-Vélez dijo que, cuando ya lo tuvieron, el desafío fue ganarse la confianza del paciente detrás de una máscara, protector facial y bata. Por seguridad, se instaba a muchos intérpretes a trabajar desde casa. Pero hablar con los pacientes por teléfono creó nuevos problemas.

“Fue extremadamente difícil, extremadamente difícil”, dijo. “Los pacientes tenían problemas respiratorios. Tosían. Se ahogaban”.

Y Ríos-Vélez no podía mirar a sus pacientes a los ojos para tranquilizarlos y establecer una conexión.

“No es solo la voz. A veces necesito ver los labios, si sonrío”, dijo. “Quiero que vean la compasión en mí”.

Brigham respondió sumando más intérpretes y comprando más iPads para que los trabajadores remotos pudieran ver a los pacientes.

El hospital compró amplificadores para elevar el volumen de las voces de los pacientes por encima de los ruidos de las máquinas que zumban en una terapia intensiva.

La red Mass General Brigham está probando el uso de intérpretes disponibles por video en las oficinas de atención primaria. Un estudio encontró que, durante la pandemia, los pacientes de habla hispana utilizaban la telemedicina menos que los pacientes caucásicos.

El objetivo de Brigham es que todos los pacientes que necesiten un intérprete, lo tengan. El mayor desafío, dijo, es incluir un intérprete en el cuidado de los pacientes que pueden necesitar ayuda pero no la piden.

En la primera oleada, los intérpretes también se convirtieron en traductores del sitio web del hospital, las ventanas de información, las señales de seguridad y los folletos de covid.

“Fue muy duro. Me enfermé y tuve que tomarme una semana libre”, dijo Yilu Ma, directora de servicios de interpretación de Brigham. Ahora, Mass General Brigham está ampliando un servicio de traducción centralizado para toda la red de hospitales.

El equipo de análisis de Brigham and Women’s descubrió otras disparidades. Los empleados con salarios más bajos tenían covid con más frecuencia que las enfermeras y los médicos.

Sivashanker dijo que hubo docenas de reuniones en pequeños grupos con asistentes médicos, trabajadores del transporte, personal de seguridad y aquellos en servicios ambientales, que tenían las tasas más altas de pruebas positivas y alentó a todos a hacerse la prueba.

“Les dejamos saber que no perderían sus trabajos si tuvieran que faltar”, dijo Sivashanker. Y él, junto con los gerentes, les dijo a estos empleados “nos damos cuenta de que están arriesgando su vida al igual que cualquier otro médico o enfermero, todos los días que vienen a trabajar”.

Algunos empleados se quejaron de favoritismo en la distribución de equipos de protección, que fue investigado por el hospital.

Para asegurarse de que todos los empleados recibieran actualizaciones oportunas a medida que cambiaban las pautas para la pandemia, Brigham comenzó a traducir todos los mensajes de coronavirus al español y a otros idiomas y a enviarlos por mensaje de texto, que es más probable que lean las personas que están en movimiento todo el día.

El sistema Mass General Brigham ofreció subvenciones por dificultades económicas de hasta $1,000 para empleados con presiones financieras adicionales, como gastos en cuidado infantil.

Angelina German, una trabajadora de mantenimiento del hospital con un inglés limitado, dijo que aprecia recibir actualizaciones a través de mensajes de texto en español, y las sesiones informativas en persona con sus jefes.

“Ahora están más conscientes de todos nosotros”, dijo German a través de un intérprete, “asegurándose de que la gente se cuide a sí misma”.

El hospital también instaló sitios de prueba en algunos vecindarios de Boston con altas tasas de infección por coronavirus, incluidos barrios donde viven muchos empleados que se estaban infectando. Al menos uno de esos sitios ahora ofrece vacunas contra covid.

“No es necesario programar a nadie. No necesitas seguro. Simplemente acércate y podemos hacerte la prueba”, explicó la doctora Christin Price durante una visita el otoño pasado a un sitio de pruebas en el vecindario de Jamaica Plain.

Nancy Santiago salió del lugar de la prueba con una bolsa gratuita de frutas y verduras de 10 libras, que compartirá con su madre. Santiago dijo que está agradecida por la ayuda.

“Tuve que dejar mi trabajo por [falta de] guardería, y ha sido bastante difícil”, dijo. “Pero, ya sabes, tenemos que seguir siendo fuertes, y espero que esto termine pronto”.

Brigham abrió recientemente una operación interior similar en el Strand Theatre, en el vecindario de Dorchester. A todos los que vienen a hacerse una prueba de coronavirus se les pregunta si tienen suficiente para comer, si pueden pagar sus medicamentos, si necesitan asistencia para la vivienda y si están registrados para votar.

Los líderes de Mass General Brigham dijeron que tomarán lo que han aprendido al analizar las disparidades durante la pandemia y expandirán acciones en toda la red hospitalaria.

“Muchos de los problemas que se identificaron durante la respuesta de equidad de covid son, lamentablemente, problemas bastante universales que debemos abordar, si vamos a ser una organización antirracista”, dijo Tom Sequist, jefe de experiencia del paciente y equidad de Mass. General Brigham.

El trabajo de Brigham sobre las disparidades en salud proviene, en parte, de una colaboración con el Institute for Healthcare Improvement (IHI).

“Hay muchas rutinas defensivas que tenemos como médicos y que los datos pueden ayudar a cambiar, y revelar que hay algunos sesgos en tu propia práctica”, explicó el doctor Kedar Mate, presidente y director ejecutivo de IHI.

Mate dijo que “si no nombramos y comenzamos a hablar sobre el racismo y cómo pretendemos desmantelarlo, continuaremos colocando vendajes sobre el problema y no abordaremos las causas subyacentes”.

“La pobreza y los determinantes sociales de las necesidades de salud no desaparecerán pronto, por eso, si hay una manera de continuar atendiendo a las comunidades, creo que sería muy bueno”, dijo Price, quien ayudó a organizar el programa de pruebas de Brigham.

Pero, ¿el trabajo de Brigham ha reducido el riesgo de muerte por covid para los pacientes hispanohablantes? El hospital aún no ha actualizado el análisis, e incluso cuando lo hace, determinar si (o cómo) funcionaron las intervenciones será difícil, dijo Sivashanker.

Pero Sivashanker dijo que más intérpretes y iPads, y mejores mensajes para los empleados que no hablan inglés, además de todos los demás pasos que Brigham ha tomado durante la pandemia, han mejorado la experiencia tanto del paciente como del empleado.

Eso, dijo, cuenta como un éxito, mientras el trabajo continúa.

Martha Bebinger/KHN

Esta historia es parte de una asociación que incluye a WBUR, NPR y KHN.

Temen que los fondos desaparezcan cuando termine la pandemia

Temen que los fondos desaparezcan

En respuesta a la pandemia de covid-19, el Congreso ha invertido decenas de miles de millones de dólares en los departamentos de salud pública estatales y locales, pagando por máscaras, rastreadores de contactos y campañas educativas para persuadir a las personas de que se vacunen.

Sus funcionarios, que han manejado presupuestos famélicos durante años, están felices de tener este dinero adicional. Sin embargo, les preocupa que esta ayuda pueda desaparecer pronto, a medida que la pandemia se repliega, continuando con un ciclo de altas y bajas en la financiación, que ha plagado al sistema de salud pública de los Estados Unidos durante décadas.

Advierten que, si los presupuestos se recortan de nuevo, la nación podría volver a donde estaba antes de covid: sin preparación para enfrentar una crisis de salud.

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“Necesitamos fondos con los que podamos contar año tras año”, dijo la doctora Mysheika Roberts, comisionada de salud de Columbus, Ohio.

Cuando Roberts comenzó en Columbus en 2006, una subvención de preparación para emergencias alcanzó para pagarle a más de 20 empleados. Cuando llegó la pandemia de coronavirus, alcanzó para cerca de 10. Con el dinero de ayuda que llegó el año pasado, el departamento pudo tener más equipos de respuesta a covid. Pero, aunque la financiación ha ayudado a la ciudad a hacer frente a la crisis inmediata, Roberts se pregunta si la historia se repetirá.

Una vez que termine la pandemia, los funcionarios de salud pública temen tener que volver a reunir dinero de múltiples fuentes para brindar servicios básicos a sus comunidades, como pasó después del 9/11, el SARS y el Ebola.

Cuando el virus del Zika transmitido por mosquitos atravesó Sudamérica en 2016, causando graves defectos de nacimiento en recién nacidos, los congresistas no pudieron ponerse de acuerdo sobre cómo y cuánto gastar en los Estados Unidos.

Para los esfuerzos de prevención, como la educación y la eliminación de mosquitos, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) tomaron dinero que estaba destinado al Ebola y de los fondos para los departamento de salud estatales y locales. El Congreso finalmente asignó $1.1 mil millones para el Zika. Pero, para entonces, la temporada de mosquitos ya había pasado en gran parte del país.

“Algo sucede, repartimos un montón de dinero, y luego, en uno o dos años, volvemos a nuestros presupuestos reducidos y no podemos hacer las cosas mínimas que tenemos que hacer día tras día, y mucho menos estar preparados para la próxima emergencia ”, dijo Chrissie Juliano, directora ejecutiva de Big Cities Health Coalition, que representa a líderes de más de dos docenas de departamentos de salud pública.

El financiamiento para el Public Health Emergency Preparedness, que paga por las capacidades de emergencia para los departamentos de salud estatales y locales, se redujo aproximadamente a la mitad entre los años fiscales 2003 y 2021, tomando en cuenta la inflación, según Trust for America’s Health, una organización de investigación y defensa de la salud pública.

Incluso el Fondo Federal de Prevención y Salud Pública, que se estableció con la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio (ACA) para proporcionar $2 mil millones al año para la salud pública, fue allanado en busca de efectivo durante la última década. Si no se hubiera tocado ese dinero, eventualmente los departamentos habrían obtenido $12,4 mil millones adicionales.

Varios legisladores, con la senadora nacional Patty Murray (demócrata de Washington) a la cabeza, buscan poner fin a este círculo vicioso con una legislación que eventualmente proporcionaría $4,500 millones anuales en fondos básicos de salud pública. Los departamentos de salud llevan a cabo funciones gubernamentales esenciales, como administrar la seguridad del agua, emitir certificados de defunción, rastrear enfermedades de transmisión sexual, y estar listos para brotes de enfermedades infecciosas.

El gasto en estos departamentos estatales se redujo en un 16% per cápita de 2010 a 2019, y el gasto en los departamentos de salud locales bajó un 18%, reveló en julio una investigación de KHN y The Associated Press (AP).

Se perdieron al menos 38,000 empleos de salud pública a nivel estatal y local entre la recesión de 2008 y 2019. Hoy en día, se contrata a muchos trabajadores de salud pública de manera temporal o a tiempo parcial. A algunos se les paga tan mal que califican para beneficios del gobierno. Esos factores reducen la capacidad de los departamentos para retener personas con experiencia.

Para peor, la pandemia ha generado un éxodo de funcionarios de salud pública debido al acoso, la presión política y el agotamiento. Un análisis de un año realizado por AP y KHN reveló que al menos 248 líderes de departamentos de salud estatales y locales renunciaron, se retiraron o fueron despedidos entre el 1 de abril de 2020 y el 31 de marzo de 2021. Casi uno de cada 6 estadounidenses perdió a un líder de salud pública local durante la pandemia.

Expertos dicen que es el mayor éxodo de líderes de salud pública en la historia de los Estados Unidos.

Brian Castrucci, director ejecutivo de la Beaumont Foundation, que aboga por la salud pública, llama a la enorme afluencia de efectivo del Congreso en respuesta a la crisis un “vendaje temporal” porque no restaura los cimientos quebrados de la salud pública.

“Me preocupa que al final vayamos a contratar un montón de rastreadores de contactos, para despedirlos poco después”, dijo Castrucci. “Continuamos pasando de un desastre a otro sin siquiera hablar de la infraestructura real”.

Castrucci y otros dicen que necesitan dinero confiable para profesionales altamente capacitados, como epidemiólogos (detectives de enfermedades basados ??en datos) y para actualizaciones tecnológicas que ayudarían a rastrear brotes y brindar información al público.

En Ohio, el sistema informático utilizado para informar casos al estado es anterior a la invención del iPhone. Funcionarios estatales dijeron durante años que querían mejorarlo, pero no hubo ni dinero ni voluntad política. Muchos departamentos en todo el país han tenido que confiar en las máquinas de fax para reportar casos de covid.

Durante la pandemia, el auditor del estado de Ohio descubrió que casi el 96% de los departamentos de salud locales encuestados tenían problemas con el sistema de notificación de enfermedades del estado. Roberts dijo que los trabajadores que entrevistaban a los pacientes tenían que navegar por varias páginas de preguntas, una tarea pesada cuando se manejan 500 casos al día.

El sistema estaba tan desactualizado que parte de la información solo se podía ingresar en un cuadro de comentarios que después no se podía encontrar, y los funcionarios luchaban para extraer datos del sistema para informar al público, como cuántas personas que dieron positivo en la prueba habían asistido a un marcha de Black Lives Matter, que el verano pasado fue una pregunta clave para comprender si las protestas contribuían a la propagación del virus.

Ohio está trabajando en un nuevo sistema, pero a Roberts le preocupa que, sin un presupuesto confiable, el estado tampoco pueda mantenerlo actualizado.

“Vas a necesitar actualizar eso”, dijo Roberts. “Y vas a necesitar dólares para respaldarlo”.

En Washington, Patty Hayes, la directora de salud pública de Seattle y el condado de King, dijo que todo el tiempo le preguntan por qué no hay un solo sitio centralizado para registrarse para una cita de vacunación. La respuesta se reduce al dinero: años de financiación insuficiente dejaron a los departamentos de todo el estado con sistemas informáticos anticuados que no estaban a la altura de la tarea cuando llegó covid.

Hayes recuerda un tiempo en el que su departamento realizaba simulacros de vacunación masiva, pero ese sistema se desmanteló cuando el dinero se agotó después de que se desvaneció el fantasma del 9/11.

Hace aproximadamente seis años, un análisis encontró que a su departamento le faltaban alrededor de $25 millones del dinero que necesitaba anualmente para el trabajo básico de salud pública. Hayes dijo que el año pasado demostró que esa cifra estaba subestimada. Por ejemplo, el cambio climático está generando más preocupaciones de salud pública, como el efecto en los residentes cuando el humo de los incendios forestales cubrió gran parte del noroeste del Pacífico en septiembre.

Funcionarios de salud pública en algunas áreas pueden tener dificultades para defender un financiamiento más estable porque una gran parte del público ha cuestionado, y a menudo ha sido abiertamente hostil, con los mandatos del uso de máscaras y las restricciones a los negocios impuestas a lo largo de la pandemia.

En Missouri, algunos comisionados del condado, frustrados por las restricciones de salud pública, retuvieron dinero de los departamentos.

En el condado de Knox, en Tennessee, el alcalde Glenn Jacobs narró un video publicado en el otoño que mostraba una foto de funcionarios de salud después de hacer referencia a “fuerzas siniestras”. Más tarde, alguien pintó con spray la palabra “MUERTE” en el edificio del departamento. La Junta de Salud fue despojada de sus poderes en marzo y se le otorgó una función asesora. Un vocero de la oficina del alcalde se negó a comentar sobre el video.

“Esto va a cambiar la posición de la salud pública y lo que podemos y no podemos hacer en todo el país”, dijo la doctora Martha Buchanan, jefa del Departamento de Salud. “Sé que lo va a cambiar aquí”.

Una investigación de KHN y AP en diciembre encontró que al menos 24 estados estaban elaborando una legislación que limitaría o eliminaría los poderes de salud pública.

De nuevo en Seattle, las empresas locales han aportado dinero y personal a los sitios de vacunación. Microsoft aloja a uno de estos sitios, mientras que Starbucks ofreció experiencia en servicio al cliente para ayudar a diseñarlos. Hayes está agradecida, pero se pregunta por qué una función del gobierno crítica no contó con los recursos que necesitaba durante una pandemia.

Si la salud pública hubiera recibido financiamiento confiable, su personal podría haber estado trabajando de manera más efectiva con los datos, y podría haber estado preparándose para las amenazas emergentes en el estado donde se confirmó el primer caso de covid del país.

“Mirarán hacia atrás a esta respuesta a la pandemia en este país como un gran ejemplo del fracaso de un país en priorizar la salud de sus ciudadanos, porque no hubo compromiso con la salud pública”, dijo. “Eso será parte de la historia”.

Michelle R. Smith, The Associated Press and Lauren Weber and Hannah Recht/KHN

La corresponsal senior de KHN Anna Maria Barry-Jester y la corresponsal de Montana Katheryn Houghton colaboraron con este informe.

KHN (Kaiser Health News) is a national newsroom that produces in-depth journalism about health issues. Together with Policy Analysis and Polling, KHN is one of the three major operating programs at KFF (Kaiser Family Foundation). KFF is an endowed nonprofit organization providing information on health issues to the nation.

Illinois registra un alza de contagios y muertes por COVID-19, sufren los negocios 

Se registra 2.157 nuevos casos COVID-19 y 37 muertes, una cifra record en Illinois desde el 7 de julio 

Chicago, 26 de ago (HINA)-  El gobierno de Illinois se ha visto obligado a incrementar nuevamente las restricciones para negocios y público en general ante una preocupante alza de contagios y muertes en el estado por el COVID-19.

  Según el reporte más reciente del Departamento de Salud, en Illinois se registraron el lunes 2.157 nuevos casos y 37 fallecidos, una cifra récord de muertes desde el 7 de julio.

  Desde que se registró el primer caso de pandemia, Illinois ha reportado 7,954 muertes y 226,627 casos de personas infestadas por coronavirus.

  Como medida para atenuar esta crisis sanitaria, el gobierno estatal ordenó cerrar nuevamente el servicio interior para bares o restaurantes, mientras que bares con servicio exterior y servicio de comida deben cerrar a las 11 p.m.

  Asimismo  las reuniones están limitadas a 25 personas o al 25 por ciento de la capacidad total de la sala. Los casinos también deben cerrar a las 11 p.m. y están limitados al 25 por ciento de su capacidad.

  El martes, el gobernador J.B. Pritzker anunció una nueva política estatal de restaurantes y bares que requiere que todos los clientes usen una máscara mientras interactúan con los camareros y otros empleados, cuando se traen alimentos y bebidas a la mesa y cuando se recogen pedidos para llevar.