Redacción Negocios Now
Tras un tenso y prolongado debate de cuatro días, el Senado de Estados Unidos ha dado luz verde, por un margen sumamente estrecho, a la ambiciosa reforma fiscal impulsada por el presidente Donald Trump. El proyecto, conocido como la “One Big Beautiful Bill” (BBB), fue aprobado con un empate a 50 votos que tuvo que ser resuelto por el vicepresidente J.D. Vance, quien ejerció su voto de desempate en favor de la legislación.
La ley, pieza clave de la agenda económica interna de Trump, propone amplias reducciones de impuestos y un aumento sustancial en el gasto gubernamental, lo cual, según estimaciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO), podría incrementar el déficit federal en aproximadamente 3,3 billones de dólares en la próxima década. Actualmente, el déficit asciende a unos 37 billones de dólares, cifra que se ha disparado desde la pandemia.
Pese a la victoria en el Senado, el camino de la legislación aún no está despejado. Ahora deberá regresar a la Cámara de Representantes, donde ya fue aprobada por un margen mínimo en mayo (215 votos a favor frente a 214 en contra). Sin embargo, los numerosos cambios introducidos por el Senado obligan a que el texto sea nuevamente debatido y votado. Varios congresistas republicanos, especialmente del ala más conservadora, ya han expresado su escepticismo y advierten que podrían retirarle su apoyo, lo que pone en duda su aprobación final.
Entre los puntos más controvertidos del proyecto se encuentra la eliminación de impuestos sobre las propinas, una promesa de campaña de Trump, y una fuerte inversión en seguridad fronteriza y medidas de deportación, que incluyen cientos de miles de millones de dólares. Además, se prevé la eliminación de beneficios fiscales para proyectos de energías renovables, en línea con la política energética del presidente.
Para compensar los enormes costos que implica la BBB, el texto contempla recortes significativos a programas sociales como Medicaid —el seguro de salud para personas de bajos ingresos— y el programa SNAP, que distribuye ayuda alimentaria a millones de estadounidenses. Estos ajustes suman más de 900.000 millones de dólares, pero aun así no bastan para cubrir el costo total de la propuesta.
En el Senado, la totalidad del bloque demócrata votó en contra de la ley, uniéndose a tres senadores republicanos que también manifestaron su rechazo: Rand Paul (Kentucky), Thom Tillis (Carolina del Norte) y Susan Collins (Maine). Estos legisladores expresaron su preocupación por el incremento del gasto público y la falta de equilibrio fiscal en el plan.
El presidente Trump ha estado presionando intensamente para que la ley se apruebe antes del 4 de julio, con la esperanza de firmarla en una fecha simbólica como el Día de la Independencia. Para él, esta reforma representa no solo un logro legislativo, sino también una carta fuerte en su estrategia electoral de cara a un eventual regreso a la Casa Blanca.
Sin embargo, los analistas políticos y económicos advierten que las concesiones hechas para asegurar su paso por el Senado podrían dificultar su aceptación final en la Cámara de Representantes. La batalla legislativa está lejos de terminar, y la ley que Trump ha calificado como “grande y hermosa” enfrenta todavía un destino incierto.