Redacción Negocios Now
Los recortes a la ayuda exterior de Estados Unidos, que realiza la administración Trump, terminaron con $2,300 millones de dólares destinados a Programas de Gestión Migratoria y Desplazamiento, según un análisis del Instituto de Política Migratoria (MPI).
En el informe, el MPI denuncia que esos fondos de ayuda exterior desaparecieron al desmantelar la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), con la intervención del Departamento de Estado.
El estudio plantea buscar formas de utilizar la innovación para mitigar el impacto de los recortes de la ayuda extranjera en los programas de gestión de la migración.
Denuncia que los fondos recortados, orientados en subvenciones y premios relacionados con la migración, incluyendo $200 millones de dólares para disuadir la migración irregular desde Centroamérica, “aparecieron en listas de recortes filtradas, compartidas con el Congreso”.
El MPI advierte que los recientes recortes del gobierno estadounidense a la ayuda exterior, acompañados de reducciones similares por parte de la Unión Europea y varios gobiernos nacionales europeos, podrían tener consecuencias potencialmente graves e imprevistas.
Una de ellas, precisa, es el cambio en la forma en que los gobiernos de todo el mundo gestionan la migración y abordan el desplazamiento. Con la pérdida de proyectos financiados, se limitan las herramientas para gestionar la migración mixta, de maneras que no se pueden revertir fácilmente, dice.
Los analistas del MPI describen tres posibles escenarios que podrían resultar de la reducción de la ayuda exterior por parte de Estados Unidos: La casi desaparición de ese apoyo foráneo, debido a que otros países donantes no tendrían ni la capacidad ni la voluntad para cubrir la brecha.
“Los costos en este escenario serían inmensos”, señalan los autores del estudio, “lo que amplificaría la inestabilidad en las crisis de desplazamiento existentes y reduciría las opciones de las personas desplazadas para permanecer en su región”.
En el segundo escenario, otros países de altos ingresos podrían intervenir para llenar temporalmente el vacío dejado por los recortes estadounidenses, pero se enfrentarían a las mismas presiones de financiación a largo plazo.
Tampoco se podría aprovechar una arquitectura internacional de protección humanitaria, “debilitada por la pérdida del respaldo estadounidense, tanto financiero como de otro tipo, lo que se traduciría en sistemas menos eficaces y eficientes”.
El análisis concluye que las crisis de financiación abren una ventana a la reforma: Los recortes podrían catalizar los esfuerzos para que la ayuda exterior sea más eficaz, sostenible y rentable.
“Pueden dar paso a innovaciones largamente debatidas, como una mayor participación del sector privado en la financiación de programas de medios de vida y desarrollo de capacidades para migrantes y refugiados que solicitan préstamos para financiar su reasentamiento”, añade.
Además, condicionar la ayuda a reformas políticas en los países de acogida de refugiados, podría resultar en un sistema más ágil y eficaz para gestionar la migración en todo el mundo
“Evitar el escenario uno y los costos a largo plazo del escenario dos requiere liderazgo y una coordinación rápida para hacer realidad el escenario tres”, sugieren los autores del análisis del Instituto de Política Migratoria.