Redacción Negocios Now
La presión económica sigue golpeando a millones de hogares en Estados Unidos: más del 60 % de los trabajadores dicen vivir de cheque a cheque, según recientes encuestas financieras.
La combinación de inflación, deudas acumuladas y un mercado laboral con salarios que no crecen al mismo ritmo que los precios ha debilitado la capacidad de ahorro de las familias.
Para muchos, cubrir los gastos básicos de vivienda, transporte y alimentación consume casi la totalidad de sus ingresos. Esto significa que cualquier imprevisto —como una reparación del auto, una factura médica o una reducción de horas de trabajo— puede desestabilizar por completo su economía.
Los expertos en finanzas personales advierten que la falta de un fondo de emergencia es uno de los principales riesgos. Lo ideal, señalan, sería contar con entre tres y seis meses de gastos ahorrados, pero en la práctica, gran parte de los hogares apenas logra reservar unos cuantos cientos de dólares, si es que logran ahorrar algo.
La dependencia del crédito también se ha vuelto más común. Las tarjetas de crédito se utilizan no solo para compras extraordinarias, sino para cubrir necesidades del día a día, lo que aumenta las deudas y los intereses a pagar.
En paralelo, el encarecimiento de la vivienda —tanto en rentas como en hipotecas— ha reducido aún más la capacidad de generar ahorros.
Frente a esta situación, especialistas recomiendan estrategias básicas como llevar un presupuesto detallado, priorizar el pago de deudas de alto interés y automatizar pequeños ahorros, aunque reconocen que en muchos casos el problema no es de disciplina, sino de ingresos insuficientes frente al costo de vida.
La tendencia a vivir “de cheque a cheque” no es nueva. Durante la recesión de 2008, gran parte de los trabajadores enfrentó situaciones similares debido al desempleo masivo y la caída de los ingresos.
En 2020, la pandemia de COVID-19 agravó el problema, y los cheques de estímulo temporalmente aliviaron la situación para millones de familias. Hoy, con una economía que sigue creciendo pero con una inflación aún elevada, el reto se mantiene: lograr estabilidad financiera en un entorno donde el margen para ahorrar es cada vez más reducido.