Redacción Negocios Now
La Unión Europea alcanzó un acuerdo comercial con Estados Unidos con el objetivo de evitar una escalada arancelaria y asegurar la cooperación del presidente Donald Trump en temas clave de política exterior. Aunque el pacto difícilmente generará un impulso significativo para la economía europea, los líderes comunitarios lo consideran un mal menor frente a los riesgos de una guerra comercial y de un deterioro diplomático con Washington.
El acuerdo gira en torno a un arancel del 15 % que Estados Unidos aplica a la mayoría de los bienes europeos, una medida que ha obligado a Bruselas a buscar una salida pragmática. Para figuras como Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea; Friedrich Merz, canciller alemán; y Emmanuel Macron, presidente de Francia, el entendimiento evita que las tensiones comerciales deriven en consecuencias más graves para las empresas y la estabilidad transatlántica.
“No se trata solo del comercio: se trata de la seguridad, de Ucrania, de la volatilidad geopolítica”, declaró este lunes en Bruselas Maros Sefcovic, comisario de Comercio de la UE, al subrayar que el pacto tiene un trasfondo estratégico en medio de crisis como la guerra en Ucrania, el conflicto en Gaza y las tensiones con Irán.
Von der Leyen, en una comparecencia conjunta con Trump en Escocia, destacó que el acuerdo “aportará estabilidad y previsibilidad”, aspectos que consideró esenciales para los negocios en ambos lados del Atlántico.
La alternativa a este pacto habría sido incierta: Bruselas tenía preparados aranceles de represalia por unos 100.000 millones de dólares sobre exportaciones estadounidenses, que podrían haberse activado si Trump cumplía su amenaza de elevar los gravámenes a productos europeos hasta un 30 % a partir del primero de agosto. Sin embargo, el bloque optó por evitar un choque frontal.
Pese a las concesiones, los líderes europeos no ocultan su escepticismo. Merz advirtió que los aranceles son dañinos para ambas economías: “Estos impuestos, a largo plazo, nos perjudican a todos, no solo a Europa, sino también a la economía estadounidense”. Y aunque expresó su preocupación, reconoció que la política comercial de Trump se guía por su firme convicción en los beneficios de los aranceles.
Con este acuerdo, la UE busca ganar tiempo y mantener abierto el canal diplomático con Washington, consciente de que la relación con Estados Unidos sigue siendo crucial para la seguridad europea y para enfrentar un escenario internacional cada vez más incierto.
Este no es el primer roce comercial entre Bruselas y Washington. Durante el primer mandato de Trump ya se vivieron tensiones por la imposición de aranceles al acero y al aluminio europeos, lo que llevó a la UE a aplicar medidas de represalia sobre productos estadounidenses como motocicletas, bourbon y jeans. Aunque finalmente se alcanzaron acuerdos parciales, la experiencia dejó claro que el comercio es un terreno vulnerable en la relación transatlántica.
Además, el trasfondo económico en Europa añade presión a los líderes comunitarios. El crecimiento sigue siendo débil en varios países del bloque, con sectores como la industria manufacturera y la energía afectados por los altos costos derivados de la guerra en Ucrania. En este contexto, los gobiernos europeos han priorizado preservar la relación con Washington como un factor de estabilidad, aun a costa de aceptar compromisos comerciales que no impulsan significativamente su economía.