La clase trabajadora en Estados Unidos ya no se define solo por el salario
Redacción Negocios Now La idea de quién pertenece a la clase trabajadora está cambiando en Estados Unidos. Según un nuevo análisis del Pew Research Center, seis de cada diez adultos, el 60%, dicen que el término “clase trabajadora” los describe extremadamente o muy bien. El dato resulta significativo porque la identificación no se limita a …

Redacción Negocios Now
La idea de quién pertenece a la clase trabajadora está cambiando en Estados Unidos. Según un nuevo análisis del Pew Research Center, seis de cada diez adultos, el 60%, dicen que el término “clase trabajadora” los describe extremadamente o muy bien.
El dato resulta significativo porque la identificación no se limita a las personas con bajos ingresos o a quienes desempeñan trabajos manuales. La percepción de pertenecer a la clase trabajadora atraviesa diferentes niveles económicos y educativos y también presenta importantes diferencias políticas y raciales.
El estudio se basa en una encuesta realizada entre el 20 y el 26 de enero de 2026 a 8,512 adultos estadounidenses. Básicamente, resalta que el ingreso no determina por sí solo la identidad de clase
Los estadounidenses de ingresos medios son quienes más se identifican como clase trabajadora: 67% considera que el término los describe bien. Sin embargo, la percepción también alcanza al 57% de los adultos de ingresos bajos y al 50% de aquellos con ingresos altos.
El resultado muestra que la expresión “clase trabajadora” tiene un significado más amplio que una simple clasificación económica.
Incluso entre quienes tienen una situación financiera relativamente cómoda, la identidad permanece. La mitad de los estadounidenses que aseguran pagar sus facturas completamente, contar con varios meses de ahorros para emergencias y poder cubrir sus gastos con comodidad también se consideran parte de la clase trabajadora.
La educación tampoco marca una frontera definitiva
El nivel educativo presenta una diferencia importante, aunque tampoco determina completamente cómo las personas se perciben a sí mismas.
El 66% de los estadounidenses que no tienen una licenciatura se identifica como clase trabajadora. Entre quienes cuentan con un título universitario de cuatro años, la proporción baja al 50%.
Esto significa que uno de cada dos graduados universitarios considera que la expresión describe su situación.
El fenómeno también se observa entre los trabajadores de cuello azul. El 77% de quienes desempeñan este tipo de ocupaciones se identifican como clase trabajadora, pero también lo hace una mayoría, el 61%, de quienes trabajan en otros sectores.
La política introduce una marcada diferencia
Uno de los resultados más llamativos del estudio aparece cuando se observa la afiliación política. El 67% de los republicanos y de quienes se inclinan por el Partido Republicano dicen que el término “clase trabajadora” los describe bien. Entre los demócratas y quienes se inclinan por ese partido, la proporción es del 55%.
La diferencia se mantiene incluso cuando se comparan personas con niveles educativos, ingresos y tipos de trabajo similares.
Entre los republicanos sin una licenciatura, el 72% se identifica como clase trabajadora, frente al 61% de los demócratas en la misma situación. Entre los graduados universitarios, la diferencia también persiste: 56% de los republicanos frente a 44% de los demócratas.
El contraste se vuelve todavía más pronunciado entre las personas de ingresos altos. En ese grupo, los republicanos son 23 puntos porcentuales más propensos que los demócratas a considerarse clase trabajadora.
Los hispanos muestran una elevada identificación con la clase trabajadora
La identidad de clase también presenta diferencias entre grupos raciales y étnicos. El 62% de los adultos blancos y el 59% de los hispanos dicen que “clase trabajadora” los describe extremadamente o muy bien. Entre los adultos negros la proporción es del 54%, mientras que entre los asiáticos es del 52%.
Entre los hispanos, además, la educación parece tener un efecto diferente al observado entre otros grupos. El 61% de los hispanos con título universitario se identifica como clase trabajadora, frente al 59% de aquellos sin una licenciatura. Es decir, prácticamente no existe una diferencia significativa según el nivel educativo.
El resultado contrasta con el caso de los estadounidenses blancos. Entre ellos, el 71% de quienes no tienen una licenciatura se consideran clase trabajadora, mientras que la proporción cae al 48% entre los graduados universitarios.
Una identidad que ha ganado terreno
La identificación con la clase trabajadora también ha aumentado en los últimos años. En 2024, el 54% de los adultos estadounidenses decía que el término los describía bien. En 2026, la proporción alcanzó el 60%.
El incremento se observa en distintos grupos demográficos, económicos y políticos. Para Pew Research Center, una de las razones por las que el concepto resulta difícil de definir es precisamente que “clase trabajadora” puede significar cosas diferentes para distintas personas.
Puede referirse a quienes no tienen un título universitario, a quienes reciben determinados niveles de ingresos, a trabajadores de sectores manuales o de servicios, o simplemente a personas que dependen de su trabajo para vivir, independientemente de su salario u ocupación.
Más que una categoría económica
Los resultados sugieren que la clase trabajadora estadounidense no puede entenderse únicamente a partir de estadísticas de ingresos, educación u ocupación.
La percepción de pertenecer a este grupo parece estar relacionada también con la manera en que los estadounidenses entienden su posición económica, su experiencia laboral y su identidad política.
En un país donde las discusiones sobre salarios, inflación, empleo, vivienda y movilidad social ocupan un lugar central, el concepto de “clase trabajadora” continúa teniendo un peso importante. Pero los datos de Pew muestran que su significado se ha ampliado: hoy puede incluir tanto a un trabajador de un sector manual como a un profesional universitario con ingresos elevados.
La encuesta revela, en definitiva, que en Estados Unidos ser parte de la clase trabajadora no es necesariamente una cuestión de cuánto se gana, sino también de cómo cada persona interpreta su lugar dentro de la economía y la sociedad.



