Industria hotelera enfrenta posible recesión mientras caen métricas clave

Se calcula que alrededor de 186 000 habitaciones dejan de ocuparse cada noche, lo que se traduce en pérdidas superiores a los 1.200 millones de dólares.

Redacción Negocios Now

La industria hotelera en Estados Unidos está enviando señales de alerta: tras un auge sólido en la demanda pospandemia, múltiples indicadores apuntan a una fase de estancamiento o, incluso, de declive.

Según el informe más reciente de la American Hotel & Lodging Association (AHLA), la ocupación hotelera se ha mantenido prácticamente estable mientras los costos operativos aumentan, lo cual complica el panorama de crecimiento para 2025.

Un dato particularmente relevante es la caída en la métrica RevPAR (revenue per available room, ingreso por habitación disponible).

De acuerdo con la consultora STR, casi la mitad de los establecimientos en EE. UU. reportaron una disminución de más del 5 % en esta medición, y los hoteles de lujo también registraron pérdidas, aunque menores.

Este descenso ocurre incluso cuando la economía general no se encuentra oficialmente en recesión, lo que ha llevado a analistas como Jan Freitag, de CoStar, a plantear si el sector hotelero enfrenta una recesión propia.

El problema no es únicamente la caída de ingresos, sino la combinación de varios factores que presionan al sector: un consumo doméstico más cauteloso, menor demanda de viajes corporativos y gubernamentales, incertidumbre política y una competencia creciente del mercado de alquileres de corta duración.

Según diversos expertos, la demanda “se está tambaleando” pese a mantenerse en niveles relativamente altos en comparación con años anteriores.

Un ejemplo de esta fragilidad se observa en el impacto del cierre gubernamental sobre la industria hotelera. Según datos de Business Insider, los hoteles estadounidenses están perdiendo millones de dólares debido a cancelaciones y habitaciones vacías provocadas por la parálisis del Gobierno federal.

Se calcula que alrededor de 186 000 habitaciones dejan de ocuparse cada noche, lo que se traduce en pérdidas superiores a los 1.200 millones de dólares.

Las consecuencias para los hoteles, los inversionistas y los destinos turísticos son múltiples:

  • Los establecimientos de gama media y económica son los más golpeados, ya que los viajeros con presupuestos ajustados reducen gastos o posponen sus planes.

  • La rentabilidad se erosiona: con menores ingresos por habitación y menor ocupación, los márgenes se reducen mientras los costos —salarios, energía y mantenimiento— continúan al alza.

  • El financiamiento para nuevos proyectos o remodelaciones podría volverse más difícil, especialmente para operadores independientes o con alto nivel de endeudamiento.

Para hacer frente a esta coyuntura, expertos del sector recomiendan diversificar las fuentes de ingreso más allá del alojamiento —por ejemplo, mediante eventos, espacios de coworking o experiencias personalizadas—, invertir en tecnología para optimizar operaciones y centrarse en segmentos más resistentes como el turismo local, el lujo o las escapadas de fin de semana. También sugieren implementar estrategias de contingencia ante un escenario de debilidad prolongada.

Aunque la industria hotelera de Estados Unidos no atraviesa una crisis tan severa como la de 2020, muchos analistas coinciden en que enfrenta una “recesión específica del sector”.

Empresarios, inversionistas y autoridades locales deben prestar atención a estos signos, ya que el turismo y la hospitalidad suelen anticipar los cambios en el comportamiento del consumidor y en la economía general. El desafío ahora es adaptarse, innovar y mantener la competitividad en un entorno cada vez más exigente.