Redacción Negocios Now
Mientras el presidente Donald Trump impulsa políticas para recuperar la manufactura estadounidense, los fabricantes de muebles de EE. UU. enfrentan una realidad compleja: aún dependen en gran medida de componentes importados, especialmente desde Asia, en un contexto de tensiones comerciales crecientes y cadenas de suministro globales cada vez más frágiles.
Los aranceles sobre productos chinos —que pueden alcanzar hasta el 145 %— han disparado los costos. En este sentido, por ejemplo, los precios de telas importadas del gigante asiático han aumentado entre un 20 y un 50 %.
Según la Comisión de Comercio Internacional de EE. UU., en 2020, el 61 % del mobiliario vendido en el país fue importado, incluyendo el 86 % de los muebles de madera y el 42 % del mobiliario tapizado. China sigue siendo el principal proveedor, con exportaciones por valor de 12.600 millones de dólares, seguido de cerca por Vietnam con 12.000 millones, según estimaciones de 2024.
Incluso, fabricantes tradicionales que producen muebles de madera utilizando recursos locales, deben importar ciertos insumos, como herrajes, acabados, acrílico y metales, que provienen de Asia, especialmente de China.
Algunos de ellos, incluso, han tenido que aplicar recargos a productos que contienen piezas importadas. Un ejemplo: una mesa con base acrílica china, collar metálico vietnamita y tapa de madera estadounidense. En este caso, el componente chino fue el responsable principal del aumento de precio.
Donald Trump ha prometido recuperar la gloria de Carolina del Norte como centro del mueble, asegurando que “miles de empresas regresarán a EE. UU. y a Carolina del Norte”. Sin embargo, la realidad es dura. Solo en el último año han cerrado 28 fábricas textiles, y decenas más en las últimas dos décadas. Para muchos, el verdadero obstáculo es la incertidumbre en la política comercial de EE. UU.
En la reciente edición de High Point Market, la feria de muebles más importante del país, el ambiente fue una mezcla de resiliencia y cautela. Los asistentes —fabricantes, distribuidores y minoristas— no solo mostraron nuevos productos, sino que también debatieron sobre el futuro de la cadena de suministro, el origen de materiales y la estrategia comercial frente a los nuevos aranceles.
Con EE. UU. en un punto de inflexión entre la dependencia global y el impulso por relocalizar su producción, el sector del mueble refleja los dilemas de la economía industrial americana: una gran demanda, capacidad sin aprovechar y decisiones políticas que podrían redefinir el rumbo de toda una industria.