Por Migdalis Pérez
La historia de Giovanni Giraldo y Alexandra Corredor comenzó en 2005 con un giro inesperado. Tras años dedicados al sector financiero, enfrentaron una tragedia: la madre de Giovanni falleció en un accidente. Ese duelo los llevó a detenerse, reflexionar y encontrar una nueva misión de vida. En medio de esa pausa, decidieron abrir un daycare en casa para atender a sus hijos y a los de la comunidad.
Así nació Leaving Prints – Dejando Huellas, un centro de cuidado infantil en Lombard, Illinois, que inició con apenas ocho niños y hoy cuenta con una instalación amplia y certificada por el Department of Children and Family Services (DCFS). Lo que empezó como un esfuerzo familiar se transformó en un proyecto educativo basado en la fe, la inclusión y una pedagogía integral: la Escuela de los Siete Pétalos.
Una filosofía que enseña desde el amor
“Dios eligió esta industria por nosotros”, dice Alexandra con convicción. “Vimos la necesidad de ofrecer un servicio diferente, uno que respetara al niño desde su nacimiento, con buena nutrición y cuidado amoroso”. Su filosofía parte de un principio simple pero profundo: cada niño aprende de manera distinta, y la educación debe adaptarse a esa diversidad.
El programa combina aprendizaje, naturaleza y conciencia ambiental. Los niños aprenden a cuidar el planeta, a expresarse y a practicar la paz desde edades tempranas. “Nuestra meta no es enseñar teorías, sino descubrir cómo cada niño florece”, agrega Alexandra.
Los siete pétalos del desarrollo infantil
La llamada Escuela de los Siete Pétalos es parte de la pedagogía 3000, un enfoque holístico que promueve el desarrollo integral del niño en siete áreas: cognitiva, física, social, emocional, artística, ética y espiritual.
“Nos certificamos después de la pandemia y los resultados han sido maravillosos”, explica Giovanni. “Este modelo nos ayuda a formar niños más conscientes, empáticos y seguros de sí mismos”.
El programa también promueve la conexión global: “A veces, nuestros niños se saludan por video con otros pequeños de escuelas similares en otros países. Es hermoso ver cómo descubren la diversidad del mundo”, añade Alexandra.
Retos que inspiran y logros que transforman
Superar el apego a su carrera profesional fue uno de los desafíos más grandes para Giovanni, quien estudió Negocios Internacionales. “Tendemos a endiosar nuestros logros y creer que no podemos hacer nada distinto. Aprender a dejar el ego atrás fue una gran lección”, reconoce.
Los logros, sin embargo, han sido profundos: estar cerca de sus hijas, acompañar a su esposa —diagnosticada con lupus en 2001— y observar mejoras sorprendentes en niños con autismo o displasia muscular gracias a la alimentación orgánica que preparan a diario. “Verlos progresar es el mejor pago”, afirma Giovanni.
Aprender a meditar, respirar y agradecer
La experiencia también ha sido transformadora para Alexandra. “Lo más bello ha sido conocer a tanta gente buena, familias con un corazón enorme. Nos da esperanza y reafirma que vale la pena compartir este estilo de vida”.
En Leaving Prints, los niños no solo aprenden letras y números; también meditan, hacen yoga y conocen su cuerpo desde pequeños. “Queremos que crezcan con paz interior y respeto por la vida”, señala.
La pareja ha contado con el apoyo de Wintrust Bank, a través de su oficina Lombard Bank & Trust, que les ofreció un paquete financiero para pequeños negocios con cuentas empresariales y acceso a préstamos.
Un refugio de paz con raíces latinas
El objetivo actual de Giovanni y Alexandra es seguir mejorando su programa educativo y ampliar la oferta de alimentación saludable con una cocina industrial aprobada por el Departamento de Salud. “Nuestro propósito es ofrecer educación temprana con amor, paz y nutrición consciente”, resumen.
De la pérdida a la esperanza, esta pareja colombiana ha levantado un proyecto que trasciende el negocio. Leaving Prints – Dejando Huellas es hoy un refugio de paz, un espacio donde cada niño es visto, valorado y acompañado como si fuera propio.