Empresas medianas triplican lo que pagan debido a los aranceles

Un estudio del JPMorganChase Institute revela que el peso de las nuevas tarifas impuestas a las importaciones recae sobre este tipo de negocio.

Redacción Negocios Now

Las empresas medianas de Estados Unidos triplicaron el monto que pagan en aranceles a lo largo del último año, según una nueva investigación vinculada a JPMorganChase, uno de los principales bancos del país.

El dato añade presión al debate sobre la política comercial impulsada por el presidente Donald Trump, cuya estrategia de elevar los impuestos a las importaciones ha generado señales de disrupción económica.

El estudio, elaborado por el JPMorganChase Institute, indica que las compañías del llamado “middle market” —con ingresos anuales de entre 10 millones y 1.000 millones de dólares y menos de 500 empleados— están asumiendo directamente el impacto de los nuevos gravámenes. En conjunto, este segmento emplea a unos 48 millones de personas en Estados Unidos, es decir, una parte sustancial del tejido productivo que Trump prometió fortalecer.

El incremento de los aranceles ha obligado a estas empresas a tomar decisiones difíciles: trasladar el mayor costo a los consumidores mediante subidas de precios, reducir contrataciones o aceptar márgenes de ganancia más estrechos. “Es un cambio significativo en su estructura de costos”, explicó a la AP Chi Mac, directora de investigación empresarial del JPMorganChase Institute. Según la experta, también hay indicios de que algunas firmas están reduciendo transacciones con China y buscando proveedores en otras regiones de Asia.

Aunque el informe no detalla con precisión cómo se distribuyen esos costos en toda la economía, sí muestra que los pagos de aranceles están recayendo sobre compañías estadounidenses. Este hallazgo se suma a otros análisis económicos que contradicen la narrativa de la administración, la cual sostiene que son los países extranjeros quienes asumen la carga de los impuestos comerciales.

Los datos sugieren además que uno de los objetivos centrales de la Casa Blanca —disminuir la dependencia directa de los fabricantes chinos— estaría avanzando, al menos parcialmente. Los pagos dirigidos a China por parte de estas empresas se situaron un 20 % por debajo de los niveles de octubre de 2024. Sin embargo, los investigadores advierten que no está claro si esto responde a un verdadero traslado de cadenas de suministro o si los productos chinos simplemente están entrando a través de terceros países.

Desde el gobierno, la defensa de la política arancelaria ha sido contundente. Kevin Hassett, director del Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca, criticó duramente un estudio de la Reserva Federal de Nueva York que concluía que cerca del 90% del peso de los aranceles recaía en empresas y consumidores estadounidenses. En declaraciones a CNBC, calificó ese trabajo como “vergonzoso” y cuestionó la calidad del análisis.

Durante el último año, la tasa arancelaria promedio en Estados Unidos pasó de un 2,6 a un 13 %, según investigadores de la Reserva Federal de Nueva York. Trump justificó los aumentos alegando razones de seguridad nacional en sectores como el acero y ciertos productos manufacturados, y declaró una emergencia económica para imponer un arancel base a importaciones provenientes de gran parte del mundo, en un evento que denominó “Día de la Liberación”.

Las tarifas elevadas provocaron turbulencias en los mercados financieros, lo que llevó posteriormente a la Casa Blanca a moderar algunas medidas y a abrir negociaciones con distintos países para establecer nuevos marcos comerciales. La Corte Suprema se prepara para pronunciarse sobre si el presidente excedió su autoridad legal al declarar la emergencia económica.

En el plano político, la cuestión arancelaria también tiene implicaciones electorales. Trump fue elegido en 2024 con la promesa de controlar la inflación. Aunque los precios no se han disparado drásticamente durante su mandato, el ritmo de contratación se ha desacelerado de forma marcada. Un grupo de economistas académicos estima que los precios al consumidor son aproximadamente 0,8 puntos porcentuales más altos de lo que habrían sido sin los nuevos aranceles.

En este contexto, el debate sobre quién paga realmente los impuestos a las importaciones —y cuál es su efecto neto sobre la economía— continúa intensificándose, con implicaciones directas para empresas, trabajadores y consumidores en todo el país.