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El “Navegador” que salvó a Alejandra Cano

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CHICAGO  ? Hay dos fechas que Alejandra Cano afirma no olvidar: el 3 y el 17 de junio del presente año.

 Son las fechas en las que entró y salió del programa de desintoxicación de drogas de A Safe Haven Foundation. Ahí residió dos semanas como parte de su programa de arresto domiciliario tras enfrentar cargos de robo en una tienda.

 Fueron dos semanas que, asegura, le permitieron enderezar el rumbo de su vida.

 “Yo robaba cosas como cremas para poder conseguir drogas”, dice Cano, de 40 años. “Cuando el juez me dio arresto domiciliario yo no tenía casa, entonces me mandaron para acá”, explica al referirse a A Safe Foundation, el sitio de la entrevista, en el 2750 W. Roosevelt Road.

 Cuenta que su historia con las drogas empezó en su natal Santiago de Chile, a los 15 años, cuando su profesor de matemáticas de primero de secundaria le ofreció cocaína.

“Era un profesor joven, de 25 años. Yo me juntaba con personas mayores que yo, y él y yo teníamos amigos en común”, recuerda.

 “En la cocaína busqué llenar los vacíos afectivos que yo tenía”.

 Era 1990. Sus padres vivían en EEUU. Se habían exiliado ahí desde 1975 por el golpe de Estado que derrocó al presidente socialista Salvador Allende dos años antes.

Cano se había establecido en la capital chilena en 1986 tras haber vivido con sus padres en Chicago. “Yo no tenía a ningún familiar en Santiago. Me sentía muy sola”, afirma.

 Durante sus dos primeros años de la carrera de diseñadora gráfica, ella empezó a combinar la cocaína con la marihuana y el alcohol.

“Para mí era muy normal tomar un trago durante las clases porque yo me movía en un ambiente de bohemia”, dice.

 Pero llegó el momento en que, afirma, las drogas la hicieron abandonar su pasión: “A mí me gustaba bailar tap, pero ya no podía levantarme por las mañanas”.

 En lugar de enfrentar su drogadicción, Cano “huyó” de Chile.

 Volvió a Chicago en 1998, donde había vivido antes con sus padres, con la idea de continuar sus estudios de diseño gráfico ? una idea que jamás concretó.

 En Chicago, Cano laboró como organizadora social y bartender, pero reconoce que no duraba en los trabajos por su adicción a las drogas y al alcohol: “Me echaban de los apartamentos porque no podía pagar el alquiler. Hasta perdí carros por falta de pago”.

 Durante esos años dio a luz a dos varones, ahora de 15 y 9 años. En tanto, su drogadicción empeoraba al grado de depender también de la heroína y el crack.

 “La drogadicción es tan poderosa que llega el momento en que ni siquiera tus hijos te importan”, dice Cano, “es algo inexplicable”. En la actualidad, ninguno de sus hijos vive con ella.

 En junio, Cano tocó fondo pero necesitó ayuda para salir a flote. Lo hizo de la mano de A Safe Haven, fundación reconocida como un modelo social y económico de vanguardia a nivel nacional. 

 Ahí, Alejandra encontró la empatía de otras residentes tocante al tema de la drogadicción y sus hijos. “Conocí a otra gente como yo; la mayoría sufre ha sufrido lo mismo que yo”, dice.

 “Yo había estado en muchos programas de desintoxicación, pero nunca había estado en uno como este”, agrega. “Aquí te llevan de la mano. Es intenso”.   

 El enfoque de dicho programa es colocar a los residentes en un ecosistema ? que incluye tareas diarias, terapia de grupo, aprendizaje de oficios ? para que se recuperen y alcancen la independencia financiera.

Siete de cada 10 casos que entran al programa de Safe Haven tienen éxito, dicen funcionarios de la fundación.

 “Aquí conocen a gente de diferentes entornos y se apoyan entre sí”, explica Vazquez-Rowland, cofundadora de A Safe Haven. “Toma tiempo pero los residentes se dan cuenta que ‘aquí quieren ayudarme, y la comida no está mal’”.

Desde su fundación en 1994, la fundación se ha dedicado a ayudar a aquellos que, al igual que Cano, se han quedado sin un techo y que han caído en la drogadicción.

 “Por lo general, los familiares de nuestros residentes aquí no saben que la drogadicción o el alcoholismo son enfermedades”, explica Vazquez-Rowland.

“Entonces hay casos en los que los familiares no quieren saber más de algunos residentes por el daño que estos les han causado”, agrega.

Vazquez-Rowland aclara que A Safe Haven no ayuda exclusivamente a las personas sin techo o con problemas de adicción, sino también a aquellos que luchan por recuperarse financieramente.

 “No toda la gente tiene problemas de droga, pero si tienen problemas en común como falta de trabajo”, dice.

La fundación ofrece a sus residentes entrenamiento para trabajar en empresas de ramos tan diversos como jardinería, control de plagas, y servicio de banquetes.  

Conforme los residentes avanzan hacia la independencia financiera, A Safe Haven les procura tres niveles de vivienda: transicional, en la fundación misma; supervisada, en un apartamento; y de alquiler económico. Ocho de cada 10 residentes salen con trabajo, dicen funcionarios.

 Igualmente, la fundación toma en cuenta las diferentes religiones y culturas de sus residentes. “Durante el mes del ramadán ofrecemos un menú especial para los musulmanes”, dice Vazquez-Rowland.

En septiembre la fundación realizó un torneo de golf para recaudar fondos y este 15 noviembre festeja sus 20 años con un banquete de gala en Chicago Marriot Oak Brook, en el 1401 West 22nd St. en Oak Brook.

 “Invitamos a las empresas privadas a contribuir a la causa de A Safe Haven”, dice Vazquez-Rowland.

En esa misma fecha, empiezan las inscripciones para seguro médico a través de la Ley de Cuidado de Salud Asequible, conocido como Obamacare.

 Entre aquellos elegibles para cobertura médica se encuentran las personas sin techo.

 De acuerdo con Vazquez-Rowland, A Safe Haven ofrecerá ayuda asistencia a la comunidad que sirve en tres formas específicas en relación con el Obamacare:

 Primero, A Safe Haven seguirá sirviendo como navegador clave de Get Covered Illinois; segundo, los residentes de la fundación ahora son elegibles para servicios intensivos de cuidados de la salud y de salud mental; y tercero, A Safe Haven ahora puede ofrecer servicios de cuidado de salud mental para la gente en necesidad.

 “Las buenas nuevas son que los beneficios de cuidado de la salud mental incluyen cobertura médica para desintoxicacion, tratamento de salud mental, y atención residencial por parte de proveedores comunitarios con licencia”, dice Vazquez-Rowland.

 “Esto permitirá a A Safe Haven intervenir en la etapa de prevención, y reducir la tasa de uso y la tasa de recaídas dentro del sistema de salud de las salas de urgencias y hospitales”, agrega.

En tanto, la residente Alejandro Cano continúa su recuperación día a día, la cual incluye ir por su hijo menor a la escuela.

 “Soy mejor companía”, dice Cano. “Tengo un trabajo que me permite ganar dinero digno. Me he reencontrado a mí misma”.

 Y agrega: “Mi madre me ha dicho, ‘De todos los programas que has tratado, este este el mejor. Te ves feliz”.

 Por Victor Perez


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