Redacción Negocios Now
A pesar de la recuperación de los mercados financieros y el retroceso de la Casa Blanca en algunas amenazas arancelarias, el dólar estadounidense atraviesa su peor año en más de cinco décadas. En los últimos seis meses, la divisa ha perdido más del 10 % de su valor frente a una canasta de monedas extranjeras de los principales socios comerciales de EE. UU., una caída no vista desde 1973, año en que Estados Unidos rompió oficialmente la relación del dólar con el oro.
Esta vez, el factor disruptivo no ha sido un cambio estructural del sistema monetario, sino las políticas comerciales y exteriores del presidente Donald Trump, que apuesta por una postura proteccionista y un enfoque más aislacionista a nivel global.
Factores detrás de la caída
Entre los principales motivos que explican esta debilidad del dólar están:
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La incertidumbre generada por los aranceles impuestos por Trump, que causaron inestabilidad en los mercados.
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El temor a una mayor inflación impulsada por los mismos aranceles, que podrían encarecer productos importados.
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El aumento del endeudamiento público, que reduce la confianza de los inversores internacionales.
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La pérdida de confianza global en el liderazgo financiero de EE. UU., que ha sido durante décadas el eje central del sistema económico internacional.
Como resultado, viajar al extranjero se ha vuelto más costoso para los estadounidenses, y el país se ha vuelto menos atractivo para los inversionistas extranjeros, justo cuando el Gobierno necesita financiación adicional.
De la euforia al escepticismo
Inicialmente, tras la elección de Trump, el dólar se fortaleció con rapidez. Los mercados anticipaban una administración favorable al crecimiento y a las empresas. Sin embargo, ese optimismo se desvaneció con la llegada de políticas más agresivas, como los aranceles inesperadamente altos, que tomaron por sorpresa a economistas y analistas.
Con el temor de que estas medidas impulsaran una inflación persistente y obligaran a mantener los tipos de interés elevados por más tiempo, los mercados comenzaron a reaccionar con cautela, y el dólar empezó a perder terreno.
Steve Englander, experto en divisas del banco Standard Chartered, dijo a El País que “la verdadera pregunta no es si el dólar está fuerte o débil, sino qué nos está diciendo eso sobre cómo el mundo percibe sus políticas”. En su opinión, “existe la preocupación de que el Estados Unidos que parecía excepcional está cayendo en picado”.
Aunque la Administración Trump dio marcha atrás en algunos de los aranceles más polémicos y los mercados bursátiles se han estabilizado, la confianza en la moneda estadounidense sigue deteriorándose. Esta situación plantea un desafío para la economía del país, ya que un dólar débil tiene efectos mixtos: puede beneficiar a los exportadores, pero al mismo tiempo reduce el poder adquisitivo en el exterior e inhibe la inversión extranjera directa.