El costo de vivir en EE. UU. sigue pesando en el bolsillo de los consumidores
Redacción Negocios Now La economía estadounidense puede mostrar señales de fortaleza y, sin embargo, muchos consumidores siguen sintiendo que llegar a fin de mes es cada vez más difícil. Un análisis publicado esta semana por The Wall Street Journal a partir de diferentes encuestas y datos económicos muestra una brecha entre los indicadores tradicionales y …

Redacción Negocios Now
La economía estadounidense puede mostrar señales de fortaleza y, sin embargo, muchos consumidores siguen sintiendo que llegar a fin de mes es cada vez más difícil.
Un análisis publicado esta semana por The Wall Street Journal a partir de diferentes encuestas y datos económicos muestra una brecha entre los indicadores tradicionales y la percepción que tienen los estadounidenses sobre su situación financiera. El desempleo permanece bajo, el mercado laboral continúa generando empleos y la bolsa se mantiene fuerte, pero la confianza de los consumidores sigue siendo débil.
Una de las principales razones está relacionada con algo que los consumidores experimentan todos los días: aunque la inflación ha disminuido considerablemente desde el máximo registrado en 2022, los precios no regresaron a los niveles anteriores.
Los precios siguen 28% por encima de los niveles previos a la pandemia
La inflación mide cuánto aumentan los precios, pero no significa que los precios vuelvan a bajar cuando la inflación disminuye.
Ese efecto acumulado es fundamental para entender el malestar de los consumidores. De acuerdo con el análisis del Wall Street Journal, los precios al consumidor son actualmente alrededor de 28% más altos que antes de la pandemia.
Los datos oficiales más recientes disponibles muestran que el Índice de Precios al Consumidor aumentó 3.4% durante los 12 meses terminados en julio. Los alimentos subieron 3%, mientras que la energía registró un incremento anual de 14.7%.
Para una familia, esto significa que incluso si el ritmo de aumento de los precios se modera, las compras habituales pueden seguir costando mucho más que hace algunos años. El problema no es solamente cuánto suben los precios, sino desde qué nivel parten.
Los salarios no han seguido el mismo ritmo para todos
Los ingresos también ayudan a explicar por qué algunos consumidores sienten que han perdido capacidad de compra.
Una investigación reciente citada por el Wall Street Journal, basada en datos de ADP, encontró que el 34% de los trabajadores no logró que sus salarios crecieran al mismo ritmo que la inflación entre finales de 2020 y finales de 2025.
Para quienes experimentaron los mayores retrocesos, la pérdida de poder adquisitivo puede ser significativa cuando se acumula durante varios años. Más de uno de cada diez trabajadores registró pérdidas salariales ajustadas por inflación superiores al 3.5%.
Esto ayuda a explicar por qué una persona puede estar ganando más dinero que hace cinco años y, al mismo tiempo, sentir que tiene menos capacidad para comprar, ahorrar o pagar sus gastos.
Vivienda y créditos agregan presión
El costo de la vivienda representa otro de los principales obstáculos para los hogares estadounidenses. La tasa promedio de una hipoteca fija a 30 años alcanzó recientemente 6.71%, frente al 3.51% registrado a comienzos de 2020. El aumento de las tasas se suma al encarecimiento de las viviendas y hace que comprar una casa sea mucho más difícil para muchas familias.
Según cálculos de la Reserva Federal de Atlanta citados en el análisis, un hogar necesitaba en mayo ingresos anuales de aproximadamente $124,674 para poder comprar una vivienda de precio medio manteniendo los pagos de vivienda dentro del 30% de sus ingresos.
Ese nivel de ingresos era 45% superior al ingreso medio de los hogares. El problema tampoco termina con la hipoteca. Las tasas de las tarjetas de crédito y de los préstamos para automóviles también permanecen elevadas, aumentando el costo de financiar compras importantes o mantener saldos pendientes.
La gasolina vuelve a convertirse en una preocupación
El precio de la energía representa ahora un nuevo riesgo para el presupuesto familiar. El petróleo Brent superó nuevamente los $100 por barril esta semana debido al aumento de las tensiones en Medio Oriente y a los temores sobre posibles interrupciones del suministro. El crudo estadounidense también se acercó a los $96 por barril.
El impacto puede trasladarse rápidamente al consumidor a través de la gasolina, el transporte y otros productos cuyo costo depende de la energía.
La gasolina en Estados Unidos ya registra un aumento considerable respecto al año anterior, según datos reportados esta semana por Associated Press.
Para los consumidores, un aumento en la gasolina no solo significa pagar más al llenar el tanque. También puede terminar encareciendo el transporte de mercancías y, eventualmente, determinados bienes y servicios.
Las tasas de interés también pueden afectar el bolsillo
El comportamiento de la inflación será especialmente importante para la Reserva Federal. Los economistas encuestados por Reuters esperan mayoritariamente que la Fed mantenga las tasas entre 3.50% y 3.75% durante el resto de 2026. Sin embargo, ha aumentado el número de analistas que consideran posible una nueva subida de tasas debido a las presiones inflacionarias.
Para el consumidor, una eventual subida tendría consecuencias más allá de los mercados financieros.
Las tasas elevadas pueden traducirse en mayores costos para las tarjetas de crédito, préstamos personales, financiamiento de automóviles y nuevas hipotecas. También pueden dificultar que las familias refinancien sus deudas o que los pequeños negocios obtengan financiamiento.
La inflación que siente el consumidor es diferente
Los datos oficiales son indispensables para medir la economía, pero no siempre reflejan exactamente cómo experimenta una familia sus gastos cotidianos.
Por ejemplo, el índice de precios al consumidor no incorpora directamente el precio de compra de una vivienda ni las tasas de interés de una hipoteca. Sin embargo, ambos representan algunos de los gastos más importantes para un hogar.
Por eso, una persona puede escuchar que la inflación anual está bajando y, al mismo tiempo, observar que su alquiler, hipoteca, seguro del automóvil, tarjeta de crédito y supermercado siguen consumiendo una parte importante de sus ingresos.
Ese contraste ayuda a explicar por qué las encuestas muestran un pesimismo económico que no coincide completamente con indicadores como el empleo o el crecimiento económico.
Un consumidor más cauteloso
El resultado es un consumidor que debe administrar con mayor cuidado sus ingresos. Para muchos hogares, el desafío ya no consiste únicamente en enfrentar una inflación elevada, sino en adaptarse a un nivel de precios que permanece muy por encima del que existía antes de la pandemia.
Las familias pueden reducir gastos discrecionales, retrasar la compra de una vivienda o un automóvil, utilizar menos crédito o dedicar una mayor proporción de sus ingresos a los gastos básicos.
Mientras la Reserva Federal evalúa cómo responder a las nuevas presiones inflacionarias, el impacto final de sus decisiones seguirá llegando a los hogares estadounidenses a través de sus préstamos, hipotecas, tarjetas de crédito, combustible y capacidad de consumo.
La economía puede verse estable desde las estadísticas. Para millones de consumidores, sin embargo, la verdadera medida continúa siendo mucho más sencilla: cuánto dinero queda en la cuenta bancaria después de pagar las facturas.



