Costo de los alimentos preocupa a quienes ganan menos

El 53 % de los adultos señala que los gastos de comestibles son una fuente mayor de estrés, y otro 33 % los califica como un estrés menor.

Redacción Negocios Now

La mitad de los adultos encuestados, especialmente aquellos que perciben menos de 30.000 dólares anuales, considera que el costo de los alimentos es uno de sus principales estresores, según una encuesta realizada por The Associated Press (AP) – NORC Center for Public Affairs Research.

De acuerdo con la investigación, no se trata únicamente de quienes enfrentan la pobreza extrema; incluso familias con ingresos medios están experimentando altos niveles de ansiedad financiera. Lo más llamativo es que muchas reconocen dedicar hasta cuatro horas diarias a pensar en sus finanzas, un recordatorio del peso psicológico que ejerce la economía personal en la vida cotidiana.

Otros hallazgos sobre el estrés financiero 

  • El 19 % de quienes sienten esa presión han utilizado servicios de pago diferido para comprar alimentos en algún momento.
  • En total, el 29 % de los adultos ha recurrido a servicios “compra ahora, paga después (BNPL, por sus siglas en inglés) para pagar salud, entretenimiento, alimentos o comidas en restaurantes.
  • El uso más alto se produce entre los adultos menores de 45 años en comparación con los mayores.
  • El 53 % de los adultos señala que los gastos de comestibles son una fuente mayor de estrés, y otro 33 % los califica como un estrés menor.
  • Aproximadamente la mitad también identifica los costos de vivienda como una gran preocupación.
  • El 43 % expresa estrés por sus ingresos personales y ahorros.
  • Los costos de atención médica son una fuente importante de estrés para 4 de cada 10 adultos.
  • En general, el 75 % dice que uno o más factores financieros les generan estrés importante.
  • Quienes enfrentan altos niveles de estrés son más propensos a usar BNPL que aquellos con poco o ningún estrés.
  • El 21 % de personas con gran estrés usó BNPL para gastos médicos o dentales, frente al 8 % de quienes tienen poco o ningún estrés.
  • Los adultos menores de 45 años muestran mayores niveles de estrés relacionados con ingresos, vivienda, deuda estudiantil y cuidado infantil, mientras que en otros aspectos (comida, ahorros, salud) el nivel de estrés es similar al de adultos mayores.

Causas del estrés financiero

Este malestar económico no surge de la nada. La inflación, aunque en niveles más bajos que en 2022, continúa encareciendo productos básicos. El simple hecho de ir al supermercado puede convertirse en una experiencia angustiante: cada visita implica calcular al centavo qué puede comprarse y qué debe dejarse de lado. Para quienes ya cuentan con un presupuesto limitado, esta dinámica se traduce en estrés permanente y en la necesidad de buscar soluciones alternativas, muchas veces riesgosas.

Una de esas alternativas es el crédito flexible, especialmente el BNPL. Plataformas como Affirm, Afterpay o Klarna han ganado terreno en sectores como la moda y la tecnología, pero lo novedoso y preocupante es su expansión hacia las compras de primera necesidad.

Según datos reportados por AP, cada vez más consumidores recurren al BNPL no solo para adquirir ropa o electrónicos, sino para pagar alimentos o medicamentos. La promesa de diferir pagos en varias cuotas sin intereses inmediatos ofrece alivio momentáneo, aunque a la larga puede convertirse en una trampa de endeudamiento.

El atractivo de este modelo es evidente: en un escenario donde las tarjetas de crédito acumulan intereses que rondan el 20 % anual, los servicios BNPL aparecen como una alternativa menos intimidante. Sin embargo, el lado oculto de esta facilidad está en la acumulación silenciosa de compromisos.

Analistas advierten que este fenómeno está creciendo con rapidez. El aumento de retrasos en pagos bajo el esquema BNPL demuestra que muchos usuarios subestiman el impacto de tener múltiples cuotas pendientes. Además, como los servicios no siempre exigen un historial crediticio tradicional, se amplía el acceso, pero también se multiplican los riesgos para consumidores con menos capacidad de pago.

El estrés financiero, entonces, se retroalimenta: la falta de dinero impulsa a usar crédito flexible para cubrir necesidades básicas, lo que conlleva más deudas y, por ende, más ansiedad. Se trata de un círculo vicioso que, si no se gestiona, puede tener consecuencias graves tanto en la economía doméstica como en la estabilidad social.

En este contexto, algunas voces sugieren que la solución no puede quedar únicamente en manos de los consumidores. El fortalecimiento de programas de educación financiera es clave para que las personas comprendan los riesgos de depender de esquemas de pago diferido. De igual manera, se plantea la necesidad de una regulación más estricta sobre el sector BNPL, con requisitos de transparencia que permitan a los usuarios entender mejor los costos reales de diferir una compra.