Redacción Negocios Now
Un número cada vez mayor de estadounidenses se prepara para lo peor. Según una reciente encuesta de YouGov, el 42% de los ciudadanos cree que Estados Unidos podría enfrentar un “colapso económico total” en la próxima década, mientras que más de un tercio considera probable un conflicto civil. Este nivel de pesimismo refleja la percepción de que múltiples riesgos (económicos, políticos y tecnológicos) se están combinando, generando incertidumbre generalizada.
El ejemplo histórico más cercano es la Gran Depresión de los años 30. Durante ese periodo, el desempleo en EE. UU. llegó cerca del 25%, el mercado bursátil perdió casi el 90% de su valor y la recuperación completa tomó varias décadas. Aunque la economía actual es mucho más resiliente, el temor a una caída severa no es completamente infundado.
Deudas, inflación y riesgos fiscales
Uno de los factores que alimenta esta preocupación es la creciente deuda federal. Según el Committee for a Responsible Federal Budget, la deuda de Estados Unidos ha alcanzado aproximadamente el 100% del Producto Interno Bruto (PIB), y tanto los déficits como los costos de intereses continúan aumentando. El grupo advierte que, sin cambios en las políticas fiscales, “alguna forma de crisis es casi inevitable”.
Una crisis fiscal podría manifestarse de varias formas: un choque en los mercados financieros, un aumento repentino de la inflación, una depreciación del dólar o incluso una erosión gradual del nivel de vida a lo largo del tiempo.
Riesgos sistémicos y globales
Algunos expertos advierten que los riesgos podrían ser aún más profundos. Richard Bookstaber, especialista en riesgos financieros, afirmó en The New York Times que la próxima recesión podría superar la gravedad de la crisis financiera de 2008.
Su preocupación radica en que el sistema financiero actual está estrechamente interconectado, uniendo mercados, inteligencia artificial, cadenas de suministro y factores geopolíticos. Esto significa que un choque en un área —como un conflicto con Irán o tensiones en torno a Taiwán— podría propagarse rápidamente y afectar a toda la economía.
Los mercados energéticos ya muestran señales de tensión. Informes recientes indican que las interrupciones en el estrecho de Ormuz, que maneja alrededor del 20% del comercio energético mundial, han elevado los precios del petróleo, aumentando la preocupación por la inflación y el riesgo de recesión.
El impacto de la tecnología
Otro factor de incertidumbre es el rápido avance de la inteligencia artificial. Según un estudio de Citrini Research, la pérdida de empleos impulsada por la automatización podría desencadenar una espiral económica negativa: reducción de salarios, caída del consumo y eventual inestabilidad de los mercados financieros.
Aunque este escenario es hipotético, refleja un temor creciente: que el cambio tecnológico podría transformar la economía más rápido de lo que los trabajadores y las instituciones pueden adaptarse.
El miedo de muchos estadounidenses a un colapso económico total no es solo una percepción emocional, sino que está alimentado por factores tangibles: deuda creciente, riesgos sistémicos, tensiones geopolíticas y cambios tecnológicos acelerados. Si bien la probabilidad exacta de un colapso similar a la Gran Depresión sigue siendo objeto de debate, estos riesgos ponen de relieve la necesidad de prepararse y de implementar políticas que fortalezcan la resiliencia de la economía.