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Carmen Maldonado: Una criolla con sazón

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Esta es la historia de una mujer a quien un golpe en la vida la puso, súbitamente, al timón de una empresa.

 

La Criolla, como se denomina su compañía, fue fundada en 1957 en Chicago por su esposo, Avelino Maldonado, quien inició su aventura empresarial vendiendo algunas especias que trasladaba en el maletero de su auto.

 

El recuerdo de aquel hombre con quien fundó su futuro la acompaña siempre: “Él compraba ajo, lo colocaba en un frasco, le ponía una etiqueta y se los vendía a mercaditos independientes. Para 1972 la compañía estaba bien encaminada”.

 

Contagiada por el espíritu emprendedor y visionario de su pareja, Carmen deja atrás su carrera de enfermería, estudia Negocios en la Universidad de Loyola y se convierte en la secretaria de su esposo.

 

Crecer ante la adversidad

 

Pero ocurrió un hecho inesperado. Avelino fallece en un accidente automovilístico en 1992 y esta madre de tres hijos, un menor y dos adolescentes, se hizo cargo de La Criolla.

 

Lo recuerda con orgullo: “Poco después de la tragedia, vinieron muchos a proponerme una sociedad o comprar el negocio. Yo les decía que iba a enfrentar el desafío”.

 

Con la ayuda de su equipo Carmen entró de lleno en la vida empresarial empujada por la necesidad de mantener a su familia y la pasión emprendedora de su esposo.

 

Para lidiar con el conflicto de ser madre y empresaria, la boricua modernizó las operaciones con tecnología, cambió etiquetas a los productos e inició una agresiva estrategia de ventas, en un terreno dominado por hombres.

 

Y La Criolla empezó a crecer y sus ventas superan hoy los 4 millones de dólares, gracias también a un incremento en la oferta; y de clientes como Wal-Mart y Jewel-Osco, así como mercados independientes, como Tony’s y Cermak, entre otros.

 

La empresaria también atribuye el éxito de la compañía a la calidad de sus productos que, según afirma, son ciento por ciento naturales, sumado al envase de cristal que impide su descomposición.

 

Los sabores del mundo

 

La Criolla importa de Latinoamérica o de España especias y hierbas para cocinar, aceitunas y aceite de olivo. También vende frutas y otros alimentos en conserva, además de pastas, harina, miel de abeja y una variedad de frijoles. En total son más de 150 productos.

Guiada por el sentido visionario de Avelino, quien registró el nombre de la empresa desde que distribuía las especias en el maletero de su auto, Carmen asegura que en los negocios siempre hay que pensar en el siguiente paso y también le pone sazón a la Internet para aumentar sus ventas.  

 

Su idea de servicio y eficacia es sencilla: “La idea es darle acceso a gente que habitualmente compraba mi producto y que se han mudado a otros lugares del país. Muchos me llaman y se los mando por correo”.

 

     Carmen, quien realiza una labor filantrópica ayudando a niños huérfanos en Casa Norte, sueña con convertir a La Criolla en una empresa nacional y enfocada en ese objetivo sigue echado a la olla mucho sacrificio como condimento.
Este perfil de Carmen Maldonado fue recogido en el libro Así lo hicieron (Plaza Editorial-2012), de Clemente Nicado, Publisher y Editor Jefe de Negocios Now.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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