Cambiar la Constitución de EE.UU. es una de las tareas más difíciles del mundo
Un análisis de Pew Research Center coloca al país en el segundo lugar entre 101 democracias por la dificultad para modificarla.

Redacción Negocios Now
Modificar la Constitución de Estados Unidos es una de las tareas legislativas más difíciles del mundo. Un análisis del Pew Research Center concluye que la Constitución estadounidense tiene el segundo proceso de enmienda más exigente entre 101 democracias analizadas.
Solo la Constitución de los Estados Federados de Micronesia resulta más difícil de modificar. Suiza, Australia y Palau también se encuentran entre los países con procedimientos más exigentes.
El análisis fue publicado el 14 de septiembre, pocos días antes del Día de la Constitución, que se celebra el 17 de septiembre, y forma parte de un estudio más amplio de Pew sobre las características de la democracia estadounidense en comparación con otros países.
Solo 27 enmiendas en 237 años
La Constitución de Estados Unidos está vigente desde 1789, pero durante sus 237 años de existencia solo ha sido modificada formalmente 27 veces.
La última enmienda fue ratificada en 1992 y establece que cualquier aumento o disminución de los salarios de los miembros del Congreso no puede entrar en vigor hasta después de celebrarse una elección para la Cámara de Representantes.
El proceso ha sido tan poco frecuente que incluso esa última enmienda tiene una historia excepcional: había sido propuesta casi dos siglos antes, junto con las disposiciones que posteriormente formarían la Carta de Derechos, pero no consiguió inicialmente suficientes estados para ser ratificada. Décadas después fue retomada y finalmente aprobada.
La anterior, la Enmienda 26, que estableció en 18 años la edad mínima para votar en todo el país, tuvo un recorrido mucho más rápido. Fue presentada, aprobada por el Congreso y ratificada por los estados en menos de seis meses, en 1971.
¿Por qué es tan difícil cambiarla?
La Constitución establece dos grandes pasos para una enmienda.
En primer lugar, una propuesta debe obtener el respaldo de dos tercios tanto de la Cámara de Representantes como del Senado.
Después debe ser ratificada por tres cuartas partes de los estados. Actualmente eso significa que 38 de los 50 estados tienen que aprobarla.
También existe una segunda vía: dos tercios de los estados pueden solicitar al Congreso una convención para proponer enmiendas. Sin embargo, este mecanismo nunca ha sido utilizado y tampoco existe experiencia práctica sobre cómo funcionaría una convención de ese tipo.
El requisito de conseguir mayorías tan amplias hace que una reforma constitucional necesite superar no solo las diferencias dentro del Congreso, sino también las existentes entre los estados.
Estados Unidos ocupa el segundo lugar
Pew Research Center utilizó un sistema de puntuación desarrollado por el politólogo Donald S. Lutz para comparar las reglas de modificación constitucional de las democracias.
En una escala en la que una puntuación más alta representa mayores dificultades, Estados Unidos obtuvo 5,10 puntos.
Micronesia obtuvo 6,00 y ocupa el primer lugar. Su procedimiento más sencillo exige dos votaciones separadas con una mayoría de dos tercios en su legislatura de 14 miembros, la aprobación del presidente y posteriormente el respaldo de tres cuartas partes de los votantes en al menos tres de sus cuatro estados.
Suiza obtuvo 4,75 puntos, Australia 4,65 y Palau 4,50.
En el extremo contrario se encuentran países donde modificar la Constitución puede parecerse más al proceso para aprobar una ley ordinaria, aunque generalmente se exige una mayoría superior.
Muchas propuestas nunca llegan a convertirse en realidad
La dificultad del procedimiento ayuda a explicar por qué miles de propuestas de enmienda constitucional han quedado sin aprobar.
Desde 1789, los legisladores han presentado en el Congreso más de 12.000 iniciativas para modificar la Constitución. En el actual Congreso, iniciado en 2025, se habían presentado 67 propuestas hasta el 21 de julio de 2026. La gran mayoría no ha avanzado hasta convertirse en una enmienda.
Durante la última década, algunas de las propuestas más frecuentes han buscado establecer límites a los períodos que pueden servir los miembros del Congreso, restringir el financiamiento de las campañas electorales o modificar la manera en que se elige al presidente.
Desde hace años, estas cuestiones cuentan además con un respaldo importante entre los estadounidenses.
Los estadounidenses apoyan cambios que podrían requerir una enmienda
Un análisis anterior de Pew encontró que el 87% de los adultos estadounidenses apoyaba en 2023 limitar el número de períodos que pueden servir los miembros del Congreso.
También existía un amplio respaldo a establecer límites de edad para funcionarios federales. El 79% apoyaba un límite máximo de edad para funcionarios electos en Washington, mientras que el 74% respaldaba un límite para los jueces de la Corte Suprema.
Asimismo, el 72% estaba a favor de limitar la cantidad de dinero que individuos y organizaciones pueden gastar en campañas políticas.
Otro cambio con amplio respaldo es sustituir el Colegio Electoral por una elección presidencial basada en el voto popular nacional. En 2024, el 63% de los estadounidenses dijo preferir que el candidato que recibe más votos a nivel nacional sea elegido presidente, frente al 35% que quería mantener el sistema actual.
Sin embargo, varios de estos cambios probablemente requerirían modificar la Constitución, lo que convierte el respaldo de la opinión pública en solo uno de los obstáculos.
Una brecha entre lo que los estadounidenses quieren y lo que pueden cambiar
El contraste es particularmente llamativo: existe un respaldo considerable a determinadas modificaciones del sistema político, pero el mecanismo para hacerlas realidad es extremadamente exigente.
En una encuesta de Pew realizada en 2025, el 77% de los estadounidenses afirmó que el sistema político del país necesita cambios importantes o una reforma completa. Sin embargo, solo el 27% dijo tener confianza en que esos cambios puedan producirse.
Pew describió a aproximadamente la mitad de los estadounidenses como “reformadores pesimistas”: personas que consideran que el sistema político necesita grandes cambios, pero que no creen que estos puedan llevarse a cabo.
El resultado refleja una característica particular del sistema estadounidense. La Constitución fue diseñada para proporcionar estabilidad y dificultar cambios impulsivos, pero ese mismo diseño hace que las reformas estructurales sean especialmente complicadas.
Con 27 enmiendas ratificadas en más de dos siglos, Estados Unidos se encuentra entre las democracias con mayor resistencia institucional al cambio constitucional. Y mientras los estadounidenses expresan apoyo a diversas modificaciones de su sistema político, transformar esas preferencias en cambios constitucionales requiere superar uno de los procesos de reforma más exigentes del mundo.



