Ayuda exterior de EE. UU. cae a mínimos históricos durante segundo mandato de Trump
Los recortes impulsados por la Casa Blanca reducen drásticamente el financiamiento para programas de desarrollo y asistencia humanitaria.

Redacción Negocios Now
La política de “Estados Unidos primero” ha transformado el papel del país como principal donante mundial, según un estudio del Pew Research Center. La reducción de fondos coincide con la desaparición de la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID) y el traslado de buena parte de sus funciones al Departamento de Estado.
La asistencia exterior de Estados Unidos atraviesa uno de los mayores retrocesos de su historia reciente. De acuerdo con el análisis, el financiamiento destinado a programas internacionales de desarrollo y ayuda humanitaria cayó durante el segundo gobierno del presidente Donald Trump hasta alcanzar su nivel más bajo en más de veinte años.
El descenso representa un giro significativo en la política exterior estadounidense, históricamente caracterizada por utilizar la ayuda internacional como una herramienta de influencia diplomática, promoción del desarrollo económico y respuesta a crisis humanitarias.
Si bien Estados Unidos continúa siendo uno de los principales donantes del mundo en términos absolutos, el volumen de recursos destinados a estos programas se ha reducido de forma pronunciada desde el inicio de la actual administración.
La disminución comenzó tras la revisión integral de la política de cooperación internacional ordenada por la Casa Blanca, que derivó en la cancelación de miles de programas financiados por la antigua Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).
Posteriormente, gran parte de las funciones restantes fueron absorbidas por el Departamento de Estado, dentro de una estrategia orientada a concentrar la ayuda exterior en proyectos alineados con los intereses estratégicos de Washington.
Un cambio de prioridades
La administración Trump ha defendido estos recortes argumentando que el gasto internacional debe responder principalmente a los intereses nacionales y que los recursos públicos deben priorizar las necesidades internas.
Bajo esa visión, numerosos programas de desarrollo económico, salud pública, gobernanza y fortalecimiento institucional fueron eliminados o reducidos considerablemente.
Los cambios también han afectado a organizaciones humanitarias y agencias internacionales que durante décadas dependieron del financiamiento estadounidense para atender emergencias alimentarias, sanitarias y de desplazamiento forzado en distintas regiones del mundo.
Aunque algunos programas considerados de carácter vital continúan recibiendo recursos, el alcance de la cooperación internacional es hoy mucho más limitado que en administraciones anteriores.
Repercusiones globales
Especialistas en política exterior sostienen que la reducción de la ayuda no solo tiene implicaciones humanitarias, sino también geopolíticas. La cooperación internacional ha sido tradicionalmente uno de los principales instrumentos del llamado “poder blando” estadounidense, fortaleciendo alianzas estratégicas y la presencia de Washington en regiones donde compite con otras potencias como China y Rusia.
Diversas organizaciones internacionales han advertido que la disminución del financiamiento podría afectar programas relacionados con la seguridad alimentaria, la atención médica, el combate a enfermedades infecciosas y la asistencia a poblaciones desplazadas por conflictos o desastres naturales. En algunos casos, ya se reportan reducciones en servicios de salud financiados anteriormente por Estados Unidos.
Un nuevo enfoque en la política exterior
El análisis del Pew Research Center refleja que el descenso de la ayuda internacional constituye uno de los cambios más profundos en la política exterior estadounidense de los últimos años.
Mientras la actual administración considera que la reducción del gasto exterior fortalece la eficiencia del gobierno y prioriza los intereses nacionales, sus críticos sostienen que el repliegue podría debilitar la influencia internacional de Estados Unidos y dejar espacio para que otras potencias amplíen su presencia en regiones donde Washington históricamente desempeñó un papel central.



