Redacción Negocios Now
La confianza de los consumidores en Estados Unidos sufrió una fuerte caída en enero, reflejando un clima de creciente incertidumbre económica, según el Índice de Confianza del Consumidor elaborado por The Conference Board.
La entidad informó que este parámetro retrocedió casi 10 puntos en comparación con diciembre, ubicándose en 84,5 unidades, el nivel más bajo desde 2014. El retroceso borra el leve repunte registrado a fines de 2025 y vuelve a encender las alarmas sobre el rumbo de la economía.
El deterioro fue generalizado y alcanzó tanto a la percepción sobre la situación actual como a las expectativas a corto plazo. El subíndice que mide la evaluación de las condiciones presentes —basado en la opinión sobre el estado de los negocios y el mercado laboral— registró una caída pronunciada.
Al mismo tiempo, el indicador de expectativas descendió muy por debajo del umbral que históricamente se asocia con una posible recesión, una señal que preocupa a analistas y responsables de política económica.
Según explicó la economista jefe de The Conference Board, Dana M. Peterson, el retroceso refleja un aumento simultáneo de las preocupaciones sobre el presente y el futuro. Todos los componentes del índice mostraron retrocesos, llevando el indicador general a niveles inferiores incluso a los observados durante los momentos más críticos de la crisis sanitaria por COVID-19.
La percepción del mercado laboral también se debilitó. Menos consumidores consideran que hay abundancia de empleo, mientras que aumentó la proporción de quienes creen que conseguir trabajo es difícil. Esta tendencia sugiere una pérdida de confianza en la fortaleza del mercado laboral, uno de los pilares que había sostenido el consumo en los últimos años.
Las expectativas a seis meses vista tampoco ofrecen alivio. Creció el pesimismo sobre la evolución de los negocios y del empleo, y el optimismo respecto a los ingresos familiares se moderó. Aunque algunos hogares perciben una leve mejora en su situación financiera actual, la mirada hacia el futuro volvió a oscurecerse tras un breve respiro en diciembre.
El informe también muestra que la caída de la confianza fue transversal. Afectó a todos los grupos etarios, niveles de ingresos y afiliaciones políticas. Los consumidores más jóvenes continuaron siendo los más optimistas en términos relativos, pero incluso entre ellos se observó un retroceso. Por nivel de ingresos, los hogares con menores recursos siguieron mostrando el mayor pesimismo.
Entre los factores que más pesan en la visión negativa del público aparecen la inflación y el aumento de precios, en particular de alimentos, combustibles y energía. También crecieron las menciones a temas como aranceles, comercio internacional, política interna, mercado laboral, costos de salud y conflictos bélicos, lo que refuerza un clima de inquietud generalizada.
En este contexto, los planes de consumo se volvieron más cautelosos. Disminuyó la intención de comprar bienes durables como viviendas, electrodomésticos y muebles, mientras que las decisiones de compra quedaron más condicionadas a la necesidad que al deseo. En servicios, el gasto proyectado mostró debilidad, con una clara preferencia por opciones más accesibles y esenciales.
A pesar de este escenario, el informe revela una paradoja: aunque cayeron los planes de vacaciones, aumentó la intención de gastar en algunos servicios vinculados a viajes, como hoteles y transporte, un comportamiento que sorprendió a los analistas.
El fuerte retroceso de la confianza en enero deja en claro que el consumidor estadounidense comienza 2026 con más dudas que certezas. La evolución de la inflación, el empleo y las decisiones de política económica serán claves para determinar si este pesimismo se consolida o si se trata de un bache transitorio en el ánimo de los hogares.