Redacción Negocios Now
Para el consumidor promedio, el fin de la fabricación del centavo anunciado por el Gobierno en noviembre pasado puede traducirse simplemente en menos monedas en el bolsillo. Sin embargo, para los pequeños negocios, la medida trae consigo cambios concretos en la gestión del efectivo, los sistemas de cobro y la atención al cliente. La pregunta ya no es cuándo desaparecerá el centavo, sino cómo adaptarse a su ausencia progresiva.
La decisión de dejar de producir esta moneda responde principalmente a una cuestión económica. En los últimos años, el aumento del precio de los metales y de los costos operativos convirtió al centavo en una unidad deficitaria.
Según datos oficiales del Tesoro, acuñar una sola moneda llegó a costar casi cuatro centavos, lo que generaba pérdidas constantes para el Estado. Al suspender su fabricación, el Gobierno prevé ahorros anuales significativos en materiales, logística, personal e infraestructura.
A este factor se suma un cambio profundo en los hábitos de pago. El uso de efectivo ha disminuido de forma sostenida frente al avance de las tarjetas, las billeteras digitales y los sistemas de pago sin contacto. En ese contexto, el centavo perdió utilidad práctica y quedó relegado a cajones, frascos o directamente fuera de circulación.
Aunque la producción se haya detenido, los centavos no desaparecerán de inmediato. Existen más de cien mil millones de monedas en circulación y la Reserva Federal continuará redistribuyéndolas mientras sea posible.
El Departamento del Tesoro ha instado tanto a empresas como a consumidores a utilizar los centavos disponibles para mantenerlos activos durante esta etapa de transición, que podría extenderse durante varios años.
Para los pequeños negocios, el cambio más visible se dará en el manejo del efectivo. A medida que los centavos se vuelvan escasos, será necesario redondear los totales de las transacciones en efectivo al múltiplo de cinco centavos más cercano.
El sistema recomendado es un redondeo equilibrado: los montos que terminan en uno, dos, seis o siete centavos se ajustan hacia abajo; los que finalizan en tres, cuatro, ocho o nueve se redondean hacia arriba; y los importes que terminan en cero o cinco se mantienen sin cambios.
Este ajuste se aplica únicamente al total final pagado en efectivo, mientras que los pagos con tarjeta, transferencias o cheques continúan cobrándose al centavo exacto.
Una preocupación habitual es cómo impacta este redondeo en el cálculo de impuestos. En términos generales, los impuestos sobre las ventas deben calcularse siempre sobre el precio real del producto o servicio, sin redondeos.
Primero se determina el subtotal y el impuesto correspondiente, y solo después se ajusta el total final si el pago es en efectivo. Dado que las normativas fiscales pueden variar según el estado o la ciudad, resulta prudente confirmar estos procedimientos con un contador o con la autoridad tributaria local.
Otro aspecto clave es la actualización de los sistemas de punto de venta. Los POS modernos operan con precisión absoluta, por lo que el redondeo manual puede generar descuadres en caja y problemas contables.
Por esta razón, se recomienda contactar a los proveedores de estos sistemas para verificar si cuentan con actualizaciones que automaticen el redondeo en pagos en efectivo. Esto permite garantizar coherencia en los cobros, claridad en los recibos entregados a los clientes y una conciliación más sencilla al cierre del día.
Desde el punto de vista legal, es importante aclarar que el centavo sigue siendo moneda de curso legal. Los comercios no pueden rechazarlo como medio de pago, aun cuando ya no se fabrique. Esto incluye situaciones poco prácticas, como pagos realizados con grandes cantidades de monedas.
En el caso de reembolsos, las políticas siguen quedando a criterio del negocio, pero deben aplicarse con coherencia y equidad. Si el pago original fue electrónico, el reintegro debe ser exacto. Si se devuelve efectivo y no hay centavos disponibles, lo más razonable es aplicar el mismo criterio de redondeo utilizado en las ventas.
Las operaciones con pagos mixtos, en las que se combina efectivo y tarjeta, también requieren atención. En estos casos, lo ideal es liquidar primero la parte correspondiente al efectivo y aplicar el redondeo únicamente sobre ese monto, manteniendo el resto sin ajustes.
Prepararse con anticipación es fundamental. Capacitar al personal permitirá que los empleados expliquen el cambio con seguridad y respondan dudas de los clientes. Informar al público mediante carteles visibles en la caja ayudará a evitar confusiones y malos entendidos.
Asimismo, resulta conveniente hablar con el banco para conocer posibles cambios en las políticas de depósito de monedas, ya que con el tiempo podrían requerirse procedimientos específicos para grandes cantidades de centavos.
El fin de la producción del centavo representa un cambio histórico en el sistema monetario estadounidense, pero no tiene por qué convertirse en un problema para los pequeños negocios. Con ajustes técnicos, comunicación clara y una planificación adecuada, esta transición puede atravesarse sin sobresaltos.