domincan_mba-bsb-banner-ad_900x80_082417_96

domincan_mba-bsb-banner-ad_900x80_082417_96

Abogada Carlina Tapia Ruano: La Supercarlina

La abogada Carlina Tapia-Ruano encontró en los inmigrantes su llamado como abogada

 

Por Michele Agudelo (Columbia College)

“Aprendí a no dejar que las palabras de los demás afectaran mi trabajo; muchas veces quería contestarles pero simplemente dejé que mi trabajo hablara por sí mismo”, confesó Carlina Tapia-Ruano.

A sus 61 años y con 36 años ejerciendo como abogada de inmigración, Tapia-Ruano es una mujer con mucha vitalidad quien ha enfrentado una vida llena de desafíos. Pero a la vez, su reconocida trayectoria la ha llevado a ser una de las más prestigiosas abogadas de inmigración no sólo en Chicago, sino en los Estados Unidos.

Sus comienzos fueron difíciles. A la edad de 5 años, en 1960, ella y su familia emigraron como refugiados cubanos a este país.

Escapando de la inestabilidad y de la violencia que se había generado en la isla por el régimen comunista, su familia emigró en busca de mejores oportunidades, dice la abogada.

Llegaron a Holland, Michigan, donde su padre consiguió un trabajo como pastor en una iglesia holandesa cristiana reformada. El decidió ser pastor protestante. La población donde vivieron tenía más de 75% de residentes de ascendencia holandesa, blanca y de ojos azules.

“Crecí pensando que la mayoría de las personas lucían como ellos y que yo era diferente porque tenía el cabello y los ojos oscuros “, dijo Tapia-Ruano.

Cuando era ella adolescente su padre tuvo una oportunidad de trabajo en Illinois y la familia se mudó a Chicago. Ahí se dio cuenta que ella no era muy diferente a la gente que vivía aquí y que había una gran población latina lo que la hizo sentirse más segura.

“Mi familia y yo vivimos la mayor parte de nuestras vida bajo el nivel de pobreza,” comentó Tapia-Ruano.

 

Aunque tenían limitaciones financieras, los padres de Tapia-Ruano le inculcaron desde muy temprana edad la importancia de estudiar.  Ellos hicieron el sacrificio para que ella y su hermana atendieran escuelas privadas.

 

“Ya estábamos en deudas desde mucho antes de comenzar la universidad”, comentó Ruano. En el año 1973, con la ayuda de préstamos estudiantiles y becas Ruano pudo realizar sus estudios en leyes en la Illinois Wesleyan University. Allí notó que pertenecía a una minoría en sus clases, no solamente como mujer sino como mujer latina.

 

“La mayoría de los estudiantes en mis clases eran hombres jóvenes, inmaduros y arrogantes que ingresaron a la universidad después de haber completado su escuela secundaria”, recordó Tapia-Ruano.

 

Para ella fue un ambiente muy incómodo porque no encontraba nada en común con sus compañeros. En ese momento decidió unirse al Latino Hispanic Bar Association y aunque había muy pocos en el grupo eran personas que compartían las mismas experiencias que ella.

 

En los últimos dos años de universidad Tapia-Ruano decidió tomar algunos trabajos de medio tiempo. “Trabajé en diez diferentes bufetes de abogados y me di cuenta que no me gustó para nada el ser abogada”, expresó Tapia-Ruano.

 

Ella se sintió entre la espada y la pared porque no sabía cómo explicarles a sus padres que ya no le interesaba ejercer una carrera de leyes, después de ponerlos en deuda. Sin embargo, en su último año tuvo la oportunidad de trabajar para un bufete que se especializaba en inmigración.

 

“En ese momento sentí que encontré lo que andaba buscando y que me llenaba como persona y profesional. Me día cuenta que en esto quería trabajar y que quería abrir mi propio bufete”, dijo Tapia-Ruano.

 

Se identificó mucho en ser abogada de inmigración porque “nunca estoy lastimando a otras personas y siento que estoy en el lado justo de la ley en ayudar a mejorar la vida de los demás y en entender su situación ya que yo también soy una inmigrante”, dijo Tapia-Ruano.

 

Pero allí no concluye la historia. Como profesional, el hecho de ser mujer ha presentado sus desafíos. Hubo casos en los que ella entraba a la sala del tribunal con un cliente hombre, y el juez pensaba que ella era la clienta en vez de la abogada.

 

“En muchas ocasiones sentía que me faltaban al respeto, que me discriminaban por el simple hecho de ser mujer; esto era como un insulto para mí”, recuerda Tapia-Ruano.

Sin embargo, la perseverancia de Tapia Ruano la ha llevado a conseguir muchos logros en su vida personal y profesional.

 

No solamente tiene su propio bufete Tapia-Ruano & Gunn. Hace algunos años, en 2006, fue elegida presidenta del American Immigration Lawyers Association de los Estados Unidos y también fue nombrada como una “súper abogada” en Chicago en 2001, hasta hoy en día.

 

“Es por mi familia, por mis raíces latinas que me han ayudado a disfrutar cada momento y cada triunfo en mi trabajo”.

 

Michele Agudelo es estudiante de periodismo y negocios de modas en Columbia College Chicago.

2017-04-12T02:38:09+00:00 Cover, Perfiles|